Educación positiva
Mohanad A. H. Al-Madi, Consultor Estratégico Internacional |
Educación positiva

Las escuelas tienen uno de los roles sociales más valiosos: educan a los jóvenes para esculpir las mentes y culturas del futuro. No obstante, el papel que juegan en el contexto actual (ambiguo, digital y de cambio exponencial) es cada vez más complejo y competitivo. Implica la actualización constante de modelos, prácticas y estructuras, así como una reinvención estratégica para adaptarse a la velocidad y demandas del entorno.

La innegable tendencia creciente en las tasas de estrés, depresión juvenil, ansiedad, trastornos alimenticios y abuso de sustancias¹ es el indicador más claro de la falta de capacidad adaptativa de las instituciones; y de que los modelos educativos existentes ya no son compatibles ni están equipados para atender las demandas emergentes del entorno. Aparte de enseñar las aptitudes cognitivas claves para sobresalir en un contexto digital y exponencial, las escuelas deben de considerar la enseñanza de habilidades para el carácter, bienestar, la resiliencia y salud de los jóvenes.

Al respecto, la educación positiva reúne la ciencia de la psicología positiva con las mejores prácticas de enseñanza para que las escuelas y personas florezcan en sus comunidades² —además, los apoya para responder efectivamente a las demandas emergentes del entorno—. Las escuelas que integran la educación positiva cultivan las fortalezas de carácter³ para desarrollar los diferentes pilares del modelo científico del florecimiento humano PERMA⁴:

 

Positive Emotions

La teoría de Ampliación y Construcción⁵ reveló que las personas con mayor afectividad positiva demuestran un alto desempeño académico, motivación intrínseca y creatividad. La forma en que se sienten (o hacen sentir a los demás) es central para su aprendizaje, productividad y experiencia. El objetivo es ayudar a los alumnos, docentes, personal administrativo y padres de familia para:

  1. Cultivar una comprensión integral de las emociones propias y ajenas.

  2. Anticipar, iniciar, experimentar, prolongar y desarrollar emociones positivas.

  3. Aceptar y gestionar sus emociones desfavorables.

 

Engagement

El estado Flow⁶ es uno de óptima experiencia y productividad, donde el individuo se siente completamente inmerso realizando una actividad; es el equilibrio relativo entre el reto de una tarea y la habilidad de la persona para cumplirla. Su objetivo es promover la inmersión completa de los estudiantes y el personal en sus actividades, para optimizar su productividad y experiencia dentro y fuera del aula.

 

Relationships

Las relaciones positivas se cultivan desarrollando habilidades sociales y emocionales que alimenten las relaciones del individuo; y fomentando una cultura de comportamientos prosociales como gratitud, perdón y generosidad entre la comunidad escolar.

Uno de los esfuerzos de investigación más exhaustivos en el campo (hasta la fecha), es el del profesor John Hattie, quien analizó los resultados de más de 50,000 estudios para responder cuáles son los factores más influyentes en el aprendizaje del estudiante. Encontró que la calidad de las relaciones del alumno en la escuela (sobre todo con los maestros) es uno de los predictores más importantes de su rendimiento académico.

Un educador puede convertirse en la figura adulta más importante para sus estudiantes; su influencia no perdura por la enseñanza de habilidades y conocimientos, sino porque inspiran virtudes y sabiduría.

 

Meaning and Purpose

Implica conectar con el núcleo vital (valores, fortalezas y talentos) y ponerlo al servicio de los demás. De esta forma los alumnos maduran espiritualmente, generan mayor claridad y capacidad de interpretación positiva en sus actividades diarias, así como del mundo que les rodea. Las personas comienzan a creer y servir a algo más grande, y reconocen que el pertenecer a una comunidad es un factor de protección para la salud, así como el pilar de una vida con sentido y propósito.

 

Accomplishment

Las escuelas juegan un papel primordial para ayudar a los estudiantes su personal a establecer metas auténticas y profundamente gratificantes. Esto se logra enseñando habilidades cognitivas, cultivando las fortalezas necesarias para que alcancen sus objetivos. Desde la valentía de tomar riesgos, fomentar optimismo y perseverancia, o hasta sembrar la curiosidad para que se conviertan en aprendices vitalicios para que vivan la mejor versión de sí mismos, cada día. 

 

Muchos podrían percibirlo como un paso imposible, pero ya existe una gran cantidad de instituciones ejemplares que no solo transformaron sus modelos educativos, sino la vida de estudiantes, familias y comunidades enteras.

Pero claro, las instituciones positivas no se construyen de la noche a la mañana, ni por medio de programas independientes. Es un cambio que debe permear todos los componentes de la institución: políticas, estrategias, práctica docente, estilo de liderazgo, etc. Es una metamorfosis cultural profunda que transforma nuestras escuelas en instituciones integrales de desarrollo.

 

Notas

¹ Sawyer, M.G. et al. (2000). The National Survey of Mental Health and Wellbeing: the child and adolescent component. Australian and New Zealand Journal of Psychiatry, 34, 214–20.

² Norrish J M, Williams P, O’Connor M, and Robinson J (2013). An applied framework for Positive Education. International Journal of Wellbeing, 3, 147–62.

³ Peterson, C. & Seligman, M.E.P. (2004). Character Strengths and Virtues: a handbook and classification. Oxford: Oxford University Press; Washington, DC: American Psychological Association.

⁴ Seligman, M.E.P. (2011). Flourish. London: Nicholas Brealey Publishing.

⁵ Fredrickson, B.L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: the broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56,218–26.

⁶ Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow: the psychology of optimal experience. New York: Harper & Row.

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