Industria 4.0
El éxito solo puede alcanzarse trabajando en equipo.
Servando Calderón, director de Operaciones en Casa Sauza. |
Industria 4.0

 

El crecimiento es uno de los objetivos (tanto personal como institucional), de cualquier proyecto, y también la esperanza, porque crecer es sinónimo de desarrollo, eficiencia y productividad. Como nación, deseamos incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) para reflejar nuestro crecimiento económico y generar oportunidades para todos los actores de la economía.

En una explicación simplista, este incremento es consecuencia del aumento en la oferta de productos y servicios que satisfacen las diversas necesidades de los consumidores. Pero este proceso de producción requiere inversiones (tanto privadas como públicas) en infraestructura, maquinaria y equipo. La inversión fomenta la generación de empleos, fomentando así el consumo de productos y servicios. De esta manera, la economía desarrolla un ciclo virtuoso de crecimiento.

Ahora, el crecimiento del consumo genera inflación —el incremento en los precios de productos y servicios—, que puede controlarse ajustando la producción al nuevo nivel de consumo. Un nivel moderado de inflación es sano como producto del crecimiento; sin embargo, cuando la producción no se ajusta al nuevo nivel, la inflación puede incrementarse de manera descontrolada, e incluso frenar el crecimiento económico de la nación.

Por tanto, generar políticas gubernamentales contra esta contingencia es esencial para fomentar un crecimiento sano de la economía. Una de estas políticas es la apertura comercial, pues genera competitividad en la producción. ¿Y cuál es el elemento crucial de una buena competitividad? Es producir a bajo costo, de manera sostenible y sustentable.

 

“La mano de obra barata no es sostenible ni sustentable”.

 

El factor humano

Uno de los factores más importantes en la producción es el costo de la mano de obra. Este es el factor bajo el que México ha sustentado sus competitividad durante los últimos años, pero la mano de obra barata no es sostenible ni sustentable. Por otro lado, los países desarrollados han basado su crecimiento en la importación de bienes y servicios de naciones en vías de desarrollo (como la nuestra) a precios competitivos. Esto les ha permitido progresar en sus modelos de comercialización, servicios y desarrollo tecnológico (digitalización y automatización, entre otros). Así, podemos apreciar que lugares como Alemania disfrutan un desarrollo sumamente disruptivo, al que se le ha denominado la Cuarta Revolución Industrial, o la Industria 4.0.

 

El ingrediente crucial

Se estima que, actualmente, podemos automatizar hasta 49 % de las actividades laborales con las nuevas tecnologías. Por eso, los países desarrollados ven la automatización como una oportunidad, teniendo en cuenta su composición demográfica —la población de adultos mayores tenderá a incrementarse y la de jóvenes disminuirá en términos relativos, durante los próximos años—. Así, se espera que la productividad generada por la automatización tenga un impacto promedio entre 0.8 % y 1.4 % en el PIB de los países desarrollados, sumado a la sustitución de importaciones (resultado de la maquila por mano de obra barata de los países en vías de desarrollo).

Considerando estos datos, se ha comentado que una de las prioridades y oportunidades de desarrollo para México es la educación. En ocasiones, cuando escuchamos estas declaraciones, pensamos que esto es responsabilidad de la Secretaría de Educación Pública (SEP). No es así, la educación es responsabilidad de todos. Hablando específicamente del sector empresarial, es importante que consideremos el impacto de la automatización dentro de nuestras estrategias, así como el impacto puede tener en la productividad, calidad, capacidad suprahumana, costo, empleo, etc. En pocas palabras, tenemos que estar preparados para los retos actuales, no ‘los del mañana’.

Los empleos que requieren de conocimientos y habilidades mínimas son los más susceptibles a automatizarse. Contribuir en la educación de los colaboradores (en coordinación con instituciones educativas) es una buena práctica para incrementar sus conocimientos y habilidades para el desarrollo, implementación y adopción temprana de la automatización. Al final, son los empleados quienes están todos los días “en la cancha” y nadie puede hacerlo mejor. Para dotarlos de estas capacidades, es elemental que primero tengan confianza para tomar decisiones y proponer mejoras, y esto solo puede lograrse a través de la motivación. No hay nada más inspirador que saber por qué y para qué se hacen las cosas.

 

Contribuir en la educación de los colaboradores (en coordinación con instituciones educativas) es una buena práctica para incrementar sus conocimientos y habilidades para el desarrollo, implementación y adopción temprana de la automatización. Todos queremos ser parte de una empresa ganadora que sale adelante, ¿quién la saca adelante? Su propia gente. Es un ciclo reiterativo: la gente se siente bien, trabaja mejor, se siente mejor. De esta manera lograremos superar la competitividad actual para mantener el empleo a escala mundial.

 

 

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