Liderazgo ético
Una responsabilidad más allá de la empresa Vale la pena reflexionar acerca de la responsabilidad ética que los líderes deben asumir para lograr que México crezca.
Alonso Ulloa Vélez, director general de Kineos Visión Estratégica y vicepresidente del Consejo Ejecutivo Nacional del IMMPC. |
Liderazgo ético

En su camino, todo empresario se ha encontrado con charlas o lecturas acerca del liderazgo, reflexiones sobre la diferencia entre ser “Jefe” y ser “Líder”. Cubetas de tinta y de saliva se han derramado para exponer la diferencia entre “mandar” e “inspirar”.

También es cierto que se puede “inspirar” para cosas positivas o para cosas negativas. Esa inspiración puede ser una fuerza transformadora en la organización, o puede ser un simple impulso para hacer lo que sea necesario —incluso cosas cuestionables o francamente indebidas para lograr las metas propuestas.

El liderazgo, por tanto, debe ser acompañado por otro elemento para ser valioso. No hay duda de que se necesitan líderes que sean inspiradores, y también es necesario que sean visionarios. Pero, por encima de todo eso, los líderes, tanto en la sociedad como en nuestras empresas, deben ser individuos éticos.

 

 

La brújula moral

La ética, como ese arte de discernir entre lo bueno y lo malo, es hoy más necesaria que nunca en este México que nos toca vivir. En enero del 2017, Transparencia Internacional dio a conocer los resultados del estudio sobre corrupción en el mundo. Nuestro país pasó del lugar 95 al 123 (de 176 países evaluados), con una calificación de 30/100. Además, México está en el último lugar de los 39 países que participan en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Lo más grave de estas estadísticas, es que hemos llegado a creer que son solo números en un tablero que realmente no nos afectan. Pareciera que el tema de la corrupción lo vemos como ese cliché que se ha construido sobre la violencia en nuestro país: “esa balacera es un caso aislado; es entre bandas de delincuentes”.

No. La corrupción está metida mucho más profundamente en nuestra comunidad, y tiene consecuencias mucho más graves. Un ejemplo de ello lo hemos visto en los últimos meses, en un evento en el que una carretera mal construida causó la muerte a personas inocentes.

Este caso no es (como se ha querido presentar), un simple daño causado por una lluvia extrema o por un error en el cálculo técnico (en el peor de los casos). El desafortunado incidente de la carretera en Cuernavaca es un ícono de la corrupción en México: se sacrificó la calidad de la obra para que se pudieran repartir sobornos... las consecuencias fueron fatales. Y por cierto, en esa corrupción estuvieron involucrados no solo políticos, sino también empresarios.

 

“Seamos promotores de la ética en la empresa, para contribuir a una reconstrucción ética de México”.

 

Hacia el norte de la ética

 

¿Cómo podemos, entonces, combatir este mal endémico en nuestra sociedad? Desarrollando un liderazgo ético que facilite el discernimiento entre el bien y el mal, y que inspire a los demás a optar por el camino correcto, más allá de los costos y de las consecuencias.

Hoy, México requiere líderes éticos que entiendan que el medio ambiente no puede ser víctima del rendimiento económico, y que actúen en consecuencia. Líderes éticos que asuman que no pueden tener empresas exitosas si las construyen sobre remuneraciones injustas. Líderes éticos que promuevan el respeto a las normas como base fundamental de una sana convivencia y con la convicción de que, al hacer las cosas bien, todos tendremos mejores oportunidades.

Asumamos el reto. Seamos promotores de la ética en la empresa, para contribuir a una reconstrucción ética de México.

 

 

 

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