Marabunta patrimonial
Planeación presupuestal para evitar los gastos hormiga.
Gerardo Aparicio Yacotu, director de la Escuela Bolsa Mexicana de Valores | | Edición: 51
Marabunta patrimonial

Siempre encontraremos diferencias considerables cuando comparemos nuestro presupuesto con lo que verdaderamente gastamos en el mes; nos percatamos de gastos imperceptibles o superfluos: los gastos hormiga que, de no corregirlos, pueden provocar un impacto sumamente desfavorable a nuestro patrimonio. Las propinas; suscripciones anuales (que usamos esporádicamente); los pagos en la tienda de conveniencia; una boleada de zapatos... en fin, toda una cantidad de conceptos (cada vez más abultada), que consumimos sin darnos cuenta. Todo eso puede transformarse en una marabunta contra nuestro capital.

 

 

Gustos razonados

Sin duda, los gastos hormiga son ‘caricias’, lujos o merecimientos totalmente válidos, siempre y cuando estén contemplados en un presupuesto establecido. Solo así podemos tener un orden adecuado para ejercerlos, sin comer un helado en alguna calurosa tarde, pero con la plena conciencia de que gastamos el dinero que necesitábamos para gastos más apremiantes.

En un ejercicio simple para determinar los gastos hormiga en que incurrimos, caemos en cuenta de que la cantidad puede rondar los 100 mil pesos anuales, por persona. Y si lo evaluamos con un presupuesto familiar, la cifra puede alcanzar una dimensión espectacular —incluso sería una cantidad suficiente para cubrir el enganche de una casa.

La parte más complicada de este concepto es identificarlo, y después podemos cuantificar, con la forma obvia para mitigarlo. Por ello, es de suma importancia hacerlo consciente; eso se logra permitiéndonos que, en un par de meses, realicemos un registro escrupuloso de todos los gastos fijos y variables que tenemos en ese tiempo determinado, para clasificarlos adecuadamente y determinar si permanecen (por el grado de satisfacción que brindan), disminuyen o se eliminan por completo —ya que podríamos encontrar mayores beneficios en destinarlos a la apertura de una cuenta de ahorro o de inversión.

La clave de ese registro consiste en no concentrarnos en las altas erogaciones que representan los gastos hormiga, sino visualizar todo el proceso que este tema puede acarrear. Pero no todo es negativo: la preocupación que deviene de tolerar esos gastos hormiga ofrece una manera para crear un presupuesto, junto con los muchos beneficios que puede arrojar un resguardar un recurso productivo (o invertirlo para el futuro), con un claro objetivo de satisfacción personal y familiar.

 

 

Ahorros hormiga

El presupuesto familiar es el primer gran paso para poder alcanzar nuestra libertad financiera. No es posible tener la posibilidad de adquirir un crédito o comenzar a ahorrar para nuestra vejez, si primero no sabemos presupuestar, sobre todo de manera familiar. Aquí, la pregunta esencial es si debemos incluir a toda la familia en el presupuesto. Definitivamente si; aunque pensemos que no necesariamente todos aportan al ingreso, todos pueden hacer más eficiente el gasto.

Existen dos metodologías para elaborar nuestro documento (llamado presupuesto): a partir del punto de vista del género: un caballero lo realizará con base en el ingreso; mientras que una dama lo hará en función del gasto.

  1. Ingreso. Desde esta visión, el documento dependerá de un tercero, cuya probabilidad de que no nos pague es importante, y eso puede ocasionar verdaderos problemas (sobre todo en la reputación financiera).

  2. Gasto. Es más recomendable porque permite cubrir las obligaciones de manera priorizada, y sin fallas en el futuro debido a que todos los egresos quedan a nuestro libre albedrío (por lo menos al momento de su contratación).

Independientemente del método que elijamos, es importante contemplar en cada apartado (Ingresos y egresos) una parte fija o segura, y una parte variable o probable. Esto puede condicionar nuestros gastos variables si (y solo si) se generan los ingresos variables; de lo contrario, probablemente nos quedemos con una suscripción a un club deportivo que acudimos solo el día 2 de enero, pero ni siquiera tendremos cubierto otro tipo de necesidades (como el transporte para llegar al lugar).

Tampoco olvidemos que, dentro de los gastos fijos y con categoría de 1ª importancia, consideremos el ahorro; de otro modo, nunca ahorraremos. Si nos limitamos a “ahorrar lo que sobre”, ese sobrante nunca aparecerá, pues mantenemos la encarnizada lucha entre nuestros deseos y necesidades.

Ahora, los gastos hormiga deben habitar en la parte de gastos variables, pero es recomendable que, por lo menos en los primeros meses de su elaboración, no se agrupen en un solo concepto. Es mejor escribir y registrar cada uno para reflexionar si realmente se necesitan —porque al no tenerlos modificarían nuestra vida cotidiana—; ahí encontraremos las respuestas para evitar visitas urgentes al gastroenterólogo y nutriólogo (o incluso al psiquiatra).

 

“Los gastos hormiga son ‘caricias’, lujos o merecimientos totalmente válidos, siempre y cuando estén contemplados en un presupuesto establecido”.

 

El ahorro que hemos acumulado peso por peso debe incluirse en el plan de convertirse en una inversión: obtener un interés por un plazo y una tasa que contratamos. En este ámbito hay una infinidad de paradigmas (que la gran mayoría del tiempo no son del todo ciertas), como aquellas ideas de que solo se puede invertir en grandes cantidades. Hoy existen instrumentos gubernamentales donde podemos comenzar a invertir desde 100 pesos, (el equivalente a una tasa de café y unas galletas, cualquier día), o fondos de inversión donde se puede iniciar con 5 mil pesos o menos.

Siempre será importante que, al invertir, pensemos y recordemos el objetivo. Hay que recordar constantemente por qué lo hacemos; si no lo tenemos claro, este ejercicio de voluntad e inteligencia puede verse rápidamente infringido y no completado, por el cúmulo de cosas que nos pueden dar un beneficio inmediato superfluo y fugaz, sin incrementar el patrimonio de manera sostenida e incrementada, para el beneficio familiar.

 


 

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