Resiliencia, el arte de regresar
Una persona exitosa requiere mucho más que talento para perdurar: se necesita adaptación ante las situaciones más incómodas, se necesita mentalidad de crecimiento.
Juana Ramírez, fundadora y CEO de Grupo SOHIN, |
Resiliencia, el arte de regresar

La vida de los emprendedores está llena de momentos adversos: modelos de negocio que no funcionan; el abandono de socios o de personal clave; dificultades para financiar la operación; el estrés de haber apostado todo a un proyecto que ofrece sus frutos lentamente. Estos son problemas importantes, pero existen otros que son más cruciales, y entre ellos he podido observar uno en particular: las personas que reciben el diagnóstico de una enfermedad compleja (como el cáncer), donde el paciente siente que su propia vida está siendo amenazada.

En esos momentos, todos (pacientes, familiares y amigos) pierden el equilibrio de su cotidianidad, y una de las preguntas más recurrentes es: ¿Cómo volver, especialmente cuando la recuperación no es una opción, o cuando debemos enfrentar la pérdida de un ser querido?

Hasta en los peores momentos, siempre hay maneras de regresar, de adaptarse a las adversidades, a los traumas que experimentamos, a los miedos que enfrentamos cuando tomamos decisiones, cuando fracasamos, gracias a un proceso llamado resiliencia.

 

“Todos podemos aprender a construir una conducta resiliente y sobreponernos a problemas que pueden afectar nuestras vidas”

 

Encuentra el camino

En la década de 1970, la psicóloga Emmy Werner analizaba la influencia del entorno en niños de familias problemáticas en Hawaii. Encontró que, al crecer, dos terceras partes de estos jóvenes presentaban problemas de conducta; pero el resto no presentaban problemas, pese a sufrir antecedentes familiares similares. La investigadora denominó a estos pequeños como “resilientes”: capaces de sobreponerse a condiciones de extrema adversidad.

Con los años, el interés por la resiliencia se ha incrementado más allá de la salud; también se explora en el ámbito laboral y en la vida diaria. Uno de los estudios más célebres al respecto fue elaborado en 2004 por Dennis S. Charney, en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, y halló que cualquier persona puede desarrollar su capacidad de resiliencia.

Estas son buenas noticias, puesto que todos podemos aprender a construir una conducta resiliente y sobreponernos a problemas que pueden afectar nuestras vidas personales o laborales. El desarrollo de la resiliencia requiere factores que le permitan a las personas mirar la adversidad como una posibilidad para adaptarse a nuevas condiciones del entorno.

Viktor Frankl, considerado el padre de la logoterapia y quien aportó mucho acerca del tema, aprendió a ser resiliente cuando fue prisionero en los campos de concentración nazis: “La experiencia traumática es siempre negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En la mano del hombre está elegir su opción, que o bien puede convertir su experiencia negativa en victorias, la vida en un triunfo interno, o bien puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar y a derrumbarse”.¹

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), las habilidades resilientes implican los siguientes ejercicios:²

  1. La práctica de estrategias para el desarrollo de un pensamiento realista,

  2. Una visión positiva del individuo.

  3. El desarrollo de capacidades para la comunicación.

  4. El manejo sentimientos y de impulsos.

Otras técnicas puntuales recomendadas por APA para desarrollar la resiliencia son crear una red de relaciones sociales positivas para compartir los momentos difíciles; comprender que una experiencia negativa es parte de los cambios que involucra la vida; establecer metas realistas para la recuperación de un evento adverso; así como mantenerse en buena forma física y mental, por medio del ejercicio cotidiano y el descanso adecuado. Asimismo, estrategias como la meditación o alguna práctica espiritual pueden ayudar a las personas a mantener un punto de vista más reposado ante las adversidades, y mirarlas como algo que genera una respuesta emocional pero que requiere una solución práctica.

Algunos consejos adicionales para lograrlo son:

  • Acepta el cambio. Es parte de la vida; parte de estar vivos implica entender esos cambios y reinventarnos.

  • Toma de acciones decisivas. Hay dos caminos: esperar que nos pasen las cosas o hacer que las cosas pasen. Todos los que arriesgan, sin importar el éxito o fracaso de sus acciones, sienten que vivir vale la pena, y que la vida en un aprendizaje.

  • Desarróllate y cultiva una visión positiva de ti mismo. Aprende cosas nuevas, fortalece la confianza en tus capacidades para resolver problemas y confía en tus instintos. Nadie va quererte más que tú, y una visión optimista te dará la energía necesaria para hacer que ocurran las cosas que quieras que pasen.

  • Mantén la perspectiva. Aun cuando existe la posibilidad de fracasar, no pierdas la visión de tus metas. Las cicatrices nos hacen más fuertes.

Personas bajo situaciones de extrema tensión —soldados en misiones de combate, víctimas de secuestro, prisioneros de guerra o enfermos en condiciones críticas— desarrollan estrategias similares de manera espontánea. Pero no es necesario llegar al límite para que cualquiera pueda convertirse en una persona resiliente.

El origen etimológico de ‘resiliencia’ es la voz latina resilire; significa rebotar o saltar hacia atrás. Sí es posible que una situación adversa nos haga retroceder, o incluso doblegarnos, pero la forma en que enfrentemos estas situaciones dependerá de nuestras habilidades para rebotar, e incluso para salir de ellas con nuevas fortalezas. El secreto está en no victimizarnos y en aprender a regresar.

 

 

 

Referencias
¹ Frankl, Victor (1946). El hombre en busca del sentido. Herder, Barcelona. Disponible en goo.gl/eMMGCs
² American Psychological Association (2014). The road to resilience. Disponible en 
apa.org/centrodeapoyo/resiliencia-camino.aspx#   

 

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