Raíces de una lucha
La Alianza Nacional de Campesinas cimbró al mundo al denunciar violencia de género en el campo y escalar esta problemática bajo los reflectores de Hollywood.
REDACCIÓN | | Edición: 55
Raíces de una lucha

Alianza Nacional de Campesinas nació en el 2011 como la condensación de 20 años de arduo trabajo en atención a la violación de derechos de mujeres trabajadoras del campo.

EN NÚMEROS

25 a 35% de la mano de obra campesina es femenina en EUA.

75 a 80% de los trabajadores del campo en California son inmigrantes sin documentos.

80% de las mujeres campesinas del Valle Central de California han sufrido acoso sexual, según el Southern Poverty Law Center.

50% de aumento en denuncias de acoso sexual en el 2018 respecto al 2017.

 

Cansadas de la vulneración a sus derechos, las mujeres campesinas del estado de California iniciaron un movimiento que las vinculó entre sí y les permitió visibilizarse para exigir el respeto que se merecen. Hoy su impacto se ha escalado a nivel nacional en Estados Unidos, teniendo injerencia en el mejoramiento del marco legal de los trabajadores del campo. Son, además, el ejemplo que sirvió de base para el desarrollo de más organizaciones abocadas a la prevención de violaciones de derechos laborales y que generó fenómenos como Time‘s Up. Estas alianzas entre mujeres campesinas trastocó los estados, la edad, la raza y el estatus migratorio.

Desde el surgimiento del movimiento de las mujeres negras trabajadoras se evidenció la violación sistemática de los derechos humanos de las mujeres, no sólo por cuestión de género, sino también de etnia y posición social. Estas condiciones transversales provocan que existan necesidades afines, que suelen ser la amalgama de los movimientos sociales en pro del respeto a los derechos humanos. En el caso de las trabajadoras del campo, implica señalar los numerosos factores transversales que pueden afectarlas y, acotado a Estados Unidos, la problemática se agudiza al reconocer que la mayoría de estas personas son latinas e indocumentadas. Sin embargo, enfrentan también estigmas por su condición de género, posición económica, y problemas de lenguaje, ya que muchas de ellas no hablan español ni inglés, pues provienen de regiones indígenas.

Temas como la violencia doméstica, el acoso sexual, los derechos laborales básicos, la atención médica, la educación, la vivienda, son también demandas comunes que antes del surgimiento del movimiento no eran atendidas.

Este asunto es crucial para Elvira Carvajal, mexicana que se ha dedicado al campo por más de 20 años e involucrada en el movimiento, desde el voluntariado hasta volverse miembro formal de la organización.

“Las mujeres son capaces de realizar el mismo trabajo, o incluso uno más pesado que los hombres, y se les paga menos por ser mujeres, por lo que era importante tener injerencia tanto en las empresas agrícolas como en las leyes laborales, para crear espacios más justos, sin violaciones a nuestros derechos.”

“El punto es no simplemente quejarnos, sino buscar que se arregle el problema. El trabajo que yo hago es crear conciencia. Cuando no tenía documentos me trataban mal o me amenazaban. No tienes derecho ni de ir al baño, te cuentan las veces que lo haces. Siempre está la amenaza de quitarte el empleo. El tema de los salarios es latente, porque existe la idea de que la cabeza de casa es el hombre.”

Carvajal era la encargada del proyecto de Justicia Reproductiva cuando conoció a Mily Treviño-Sauceda, la actual directora de Alianza Nacional de Campesinas, quien ya tenía la idea de formar un movimiento de puras mujeres que buscaran hacer respetar sus derechos laborales en el sector agrícola. Esta idea generó, en el 2011, la Alianza Nacional de Campesinas (ANC), un interés de muchas mujeres que habían gestado Líderes Campesinas, en California, en 1992.

Treviño-Sauceda señala que existe un compromiso por parte de las 15 organizaciones que conforman ANC para garantizar la justicia social, ambiental y económica; la prevención de la violencia de género, la promoción de la igualdad de condiciones, tanto en los lugares de trabajo, como en el hogar y las comunidades donde se desarrollan las trabajadoras agrícolas. Están particularmente preocupados por terminar con la explotación de las y los trabajadores del campo.

El acoso sexual es uno de los temas de mayor interés para la Asociación, ya que se tienen registros de que 9 de cada 10 mujeres trabajadoras agrícolas lo han padecido.

Para lograr la integración de sus grupos de trabajo, utilizan diferentes dinámicas con las que las mujeres pueden expresar sus pensamientos y sentimientos de manera que no se sientan invadidas. El dibujo, por ejemplo, ayuda a que las mujeres expongan si han sido víctimas de violencia, lo que permite a la Asociación identificarlas y poder canalizar el caso con las autoridades y asesorías correspondientes. Además, ofrecen talleres informativos para que las mujeres conozcan sus derechos y sepan responder y denunciar, sin miedo.

“Muchas de nosotras habíamos sufrido asalto sexual, acoso, problemas de salud reproductiva como consecuencia del uso de pesticidas en los que nos empapaban, además de la desigualdad de salario. Todos los miembros de Alianza Campesina estábamos enfermos y cansados de ello.”

De acuerdo a un análisis de circunstancias que señaló Mily, cofundadora de esta asociación, muchas de las leyes que aún rigen los temas laborales en la industria agrícola fueron estipulados muchos años atrás por congresistas que tenían intereses económicos en áreas de producción de estados como Florida; la más grande prueba de ello es que la agricultura es el único rubro en el que aún se permite el trabajo infantil en Estados Unidos.

“El mayor problema es que a los campesinos se les ve como menos, por eso nos pagan mal. Yo creo que los campesinos somos igual a un doctor o un abogado. Traemos conocimientos milenarios que no los tiene un ingeniero agrónomo.”

Interesadas en ayudar a todas las mujeres, el impacto de su labor como promotoras de derechos de las trabajadoras campesinas ha sido visible gracias al empuje de leyes y reformas de ley, especialmente durante la Administración de Barack Obama, las cuales impactaron todos los entornos laborales, incluida la burbuja de Hollywood, que derivó en el mundialmente famoso movimiento Time’s Up.

“Nosotras trabajamos bajo el sol, ellas bajo reflectores.”

Además, dan apoyo y asesoría legal para que las mujeres que han sufrido violaciones a sus derechos puedan denunciar. El objetivo en los siguientes años es seguir teniendo impacto en las legislaciones, y aumentar su presencia en más estados de la Unión Americana.

 

 

Algo que destacan las trabajadoras agrícolas en Estados Unidos es la ausencia de reglas que las proteja y que la violación de sus derechos sigue siendo una realidad.

“Migramos pensando que tendremos una vida mejor. Yo llegué como trabajadora agrícola. Los gobiernos permiten algunos traslados porque saben que tenemos necesidades, pero no ofrecen las mejores condiciones laborales. Pensar en los trabajadores H-2A me hace preguntarme por qué no les dan derechos laborales completos. A eso le llamo esclavitud moderna; somos desechables porque sólo nos usan en temporadas de cosecha; si te enfermas en ese periodo no vuelven a contratarte. Los latinos llegamos a Estados Unidos a ocupar los trabajos que realizaban los esclavos.”

 

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