¡No se lleven mi computadora!
Bertha Ontiveros |
¡No se lleven mi computadora!

Hace casi 20 años sufrimos un fuerte asalto en las instalaciones de la empresa donde trabajaba. Primero creímos que los hombres eran clientes nuevos, hasta que gritaron “¡esto es un asalto!” y mostraron sus armas. Buscaban el dinero para la nómina —en aquel tiempo, algunos negocios preferían pagar en efectivo—, pero nosotros pagábamos a través de depósitos. Por eso nos reunieron a todos los empleados en otra oficina; a las mujeres nos ordenaron hincarnos y a los hombres les mandaron quedarse boca abajo. Tratamos de mantener la calma, de obedecerlos sin mirarlos, mientras rezábamos en silencio, temblando.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que uno de los delincuentes regresó y le dijo a quien nos vigilaba: “Ya cargamos la mercancía, solo faltan las computadoras”. Cuando escuché eso, ya no pude más; rompí en llanto y les supliqué: “¡Por favor, no lo hagan! ¡No mi computadora! ¡Estoy en cierre anual, tengo auditores!”. Me siguieron otras peticiones: nuestro director imploró que no se llevaran su agenda electrónica. Otra vez nos ordenaron silencio y se retiraron, dejándonos encerrados y amenazados.

Eventualmente logramos liberarnos y descubrimos que sí dejaron todas las computadoras, junto con la agenda electrónica del director. Solo se llevaron todo el producto que pudieron cargar en una de nuestras camionetas, el dinero de la caja chica, nuestros relojes y la joyería que portabamos. Gracias a Dios, ninguno de nosotros sufrió más daño que la pérdida de nuestros objetos y nuestra tranquilidad, por un tiempo.

Quisiera compartirles algunas reflexiones sobre este incidente:

  1. Nadie imaginó que eso podría ocurrir —¿a quién le interesarían componentes industriales de un uso muy específico?—, pero sucedió. Afortunadamente, los seguros eran un gasto prioritario del negocio, por lo que logramos subsanar las pérdidas económicas.

  2. Incrementamos la seguridad: alarmas, guardia de seguridad y cámaras de vigilancia con más capacidad de almacenamiento.

  3. Implementamos nuevos controles para ingresar a la empresa.

  4. Afortunadamente sí contábamos con un proceso formal de respaldo de la información (tanto del ERP como de la red); solo necesitamos revisarlo con más regularidad.

  5. Situamos el servidor de la red en un lugar menos expuesto, porque pudieron robarlo.

  6. La compañía fue empática y reembolsó el monto de los objetos personales robados.  Nosotros demostramos nuestra gratitud con un desempeño extraordinario durante muchos años.

  7. Formulamos un plan de contingencia y de continuidad, examinando los procesos periódicamente.

Ojalá que tú, lector, nunca pases por una situación similar, o que sufras inundaciones, fallas eléctricas, ataques cibernéticos o errores humanos. Todos estos factores ponen en riesgo la protección de la información, pero la tecnología actual nos permite aprovechar diversas herramientas para protegernos, y también a nuestros clientes.

  • Establece un plan de contingencia que indique, paso a paso, cómo deben fluir la información y los procesos por realizar, en caso de sufrir algún evento inesperado.

  • Mantén la vigencia de tus seguros, cumple las condiciones que la póliza estipula y asegura que cubran todos los almacenes, contenidos y responsabilidad civil.

  • No te olvides de incluir cobertura por interrupción de negocios.

  • Siempre protege tus respaldos de información.

¿Consideras que estás preparado profesional y personalmente para afrontar un incidente similar? No esperes a que suceda. Blíndate hoy.

 

Articulos Relacionados