Los mejores líderes delegan. Lecciones de Obama y Jobs
Jobs y Obama coinciden en algo: es necesario delegar
REDACCIÓN | | Edición: WEB
Los mejores líderes delegan. Lecciones de Obama y Jobs

Para muchos jefes o cabezas empresariales, especialmente de pequeñas y medianas empresas, es todo un reto dar el salto de hacer a liderar. Por una parte se encuentran acostumbrados a su propio y perfeccionista ritmo de trabajo, y por otro desconfían de la eficiencia de su equipo y las decisiones que éste tome. Muchos líderes, a pesar de estar a la cabeza de proyectos y grandes empresas, no terminan de ser líderes simplemente porque les es imposible asignar actividades a las personas que se encuentran bajo su mando.

Steve Jobs y Barack Obama se vieron, cada quien desde su perfil de líder, en la necesidad de confrontar esta dura encrucijada: si las cosas se hacen bien, ¿hay que hacerlas uno mismo?

La respuesta corta es “no”, y el deseo de controlar cada detalle de la organización tiene un nombre en el campo de los estudios de liderazgo: micromanagement. El micromanagement ha adquirido connotaciones negativas en los últimos años por la sencilla razón de que impide la libertad de maniobra de todo subordinado, así como su creatividad para sortear problemas y resolverlos. Es por ello que ambos líderes decidieron (en momentos críticos de sus gestiones como líderes) soltar la correa y confiar en las capacidades de sus socios.

A pesar de su mala fama como líder tiránico, Steve Jobs raramente imponía sus propias decisiones en el departamento creativo de la compañía. Todo lo contrario, buscaba perfiles altamente capacitados y con gran entusiasmo para defender a capa y espada sus propiras decisiones y propuestas. Sin hacer distinciones, Steve Jobs era honesto y distribuía actividades de manera equitativa y transparente, confiando en sus pequeños pero eficientes equipos de trabajo.

Por otra parte, Obama apeló a la propia elocuencia y encanto que caracterizaron su gestión. Su perfil de líder era el de quien delega y convence. Definió por ocho años una agenda delimitada por políticas claras, que después compartía a sus aliados del Congreso para convertir en actividades tangibles y en un calendario de trabajo. Su aproximación consistía en asignar comités altamente competitivos para realizar el trabajo duro y sólo intervenir al final de proceso para afianzar detalles. Su estilo no fue jerárquico, sino horizontal y negociador por naturaleza.

Ambos líderes, no obstante su propia naturaleza, coincidieron en algo: es imposible cargar con una organización (así fuera un país o un gran corporativo) sin delegar una parte de las actividades a sus aliados.

Tags

empresas consultoría cultura

Articulos Relacionados