Ingobernable
Anabel Hernández refuerza con ética su trabajo en el periodismo de rendición de cuentas, con el que suma 25 años de carrera, firme contra la corrupción.
Agusto 29, 2018 | Edición: 52
Ingobernable

Hacer valer la libertad de expresión en México ha dejado, desde 2012, 310 periodistas bajo el amparo del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos reportó en agosto 23 periodistas asesinados de 2016 a 2017, y una suma de 133 comunicadores desaparecidos en los últimos 18 años. Es en esta realidad en la que se enmarca la lucha de Anabel Hernández, quien se abre camino con osadía, implacable contra las malas prácticas de políticos y empresarios.

En 25 años de ejercicio periodístico, la ética es la brújula que orienta a Anabel, quien inició su carrera en un medio impreso mexicano en 1993 y hoy, exiliada por el peligro que corría al defender su profesión, se ha posicionado como una investigadora respaldada por las principales televisoras de Estados Unidos.

“Pareciera que la única opción para periodistas que decidimos continuar nuestro trabajo, y con vida, es irnos del país o callarnos, a mí el exilio forzado me abrió lo ojos y me ha hecho buscar la verdad de manera distinta”, expresa la periodista que radica en California, Estados Unidos, sobre su proceso de investigación fuera de México, al escribir su libro La Verdadera Noche de Iguala, el cual aborda la realidad de los 43 normalistas desaparecidos en 2014, con apoyo de la Universidad de Berkeley.

Anabel es una de las periodistas que más ha incomodado a los gobiernos de Felipe Calderón, Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, al dedicarse a narrar la verdad de narcotraficantes como El Chapo Guzmán y el cártel de los Beltrán Leyva, además de hacer públicas las amenazas a su persona por parte de ex funcionarios públicos.

“Soy apolítica, si es corrupto, lo denuncio. He seguido rumores de enriquecimiento ilícito de políticos y he ido tras ellos. Mi carrera la he forjado en la verificación de datos”, dijo Anabel Hernández, quien ha sido merecedora, en 2012, del Premio Pluma de Oro de la Libertad, que otorga la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias; así como la condecoración con grado de Caballero en la Orden de la Legión de Honor, entregada por la República de Francia en 2017.


“Soy un pequeño ejemplo de lo que sufren muchos otros en México y renuncio a guardar silencio”.

 

PRÁCTICAS PERIODÍSTICAS

 

Enfrentar el peligro.

El impacto de su trabajo conlleva riesgos, pero también reconocimientos: en 2002 ganó el Premio Nacional de Periodismo de México, por un reportaje centrado en las toallas de baño del entonces presidente Vicente Fox, quien en un acto de transparencia publicó sus gastos personales y evidenció una inflación de precio en estos por 440 mil pesos. En 2003, UNICEF reconoció a Anabel por los reportajes que exponían la esclavitud de niños en la frontera de México con Estados Unidos. En todos, siempre jugándose la piel.

“Si se trata de periodismo de rendición de cuentas, es sacar a la luz pública cosas que se quieren ocultar. Entiendo los riesgos, pero estoy acostumbrada a revelar temas delicados y sé que puede pasar (un atentado en su contra), pero me preocupa más que permanezca la impunidad; este es un compromiso de fondo, que hago de corazón”, señala Anabel, una de los 92 periodistas desplazados por la violencia que se registran ante la Secretaría de Gobernación de México.

“Actualmente, los periodistas somos una estadística de levantados, de muertos, de amenazados, y aunque hay muchas buenas intenciones (por protegerlos), creo que falta algo más que mesas de discusión para frenar las olas de asesinatos que sufrimos día con día”.

 

Investigación de impacto personal.

La tragedia del 26 y 27 de septiembre de 2014, cuando militares amagaron y desaparecieron a 43 normalistas que viajaban en dos autobuses de Ayotzinapa a Iguala, fue un asunto con eco internacional, pero el gobierno optó por defenderse tras “una verdad histórica”, misma que Hernández desafió con ímpetu: “Es algo que me marcó a nivel personal y profesional, como periodista, madre y mexicana”, dijo durante el lanzamiento de La Verdadera Noche de Iguala.

 

De corrupción a narcotráfico.

Pasar de reportar enriquecimiento ilícito de empresarios a realizar investigaciones de campo en zonas de alto riesgo por narcotráfico, fue un cambio que ni ella se esperaba. Estar de pronto en la comunidad donde creció Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y ver la realidad de los niños del lugar es lo que más le ha impactado hasta ahora.

“Realicé una investigación de campo en el triángulo dorado (en el norte de la Sierra Madre de México) y me impactó ver cómo los niños son sacados de las escuelas ciclo tras ciclo agrícola, para sembrar y cosechar amapola y marihuana. Eso se vuelve parte de sus vidas”.

 

Mejores prácticas.

La ética y la trascendencia en el ejercicio periodístico va de la mano con la conciencia de la profesión y la osadía de hacer el trabajo sin coartar la libertad de expresión.

“Lo que pasa en México de tener funcionarios públicos que hacen lo que se les pega la gana es contagioso y si no se hace nada al respecto, se puede extender; he escuchado cómo preocupa esto en otros países, pues primero llegaron las drogas desde México, después la violencia y así puede llegar la corrupción”.

Le gustaría que no se cuenten más periodistas muertos y que se den verdaderas garantías de libertad de expresión a los que siguen vivos.

 

 

 

 

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