Sanjuana Martínez, periodista:
“Nuestro deber es darle voz a quienes no la tienen, alumbrar las zonas oscuras de la información”.
Dulce Barrera, editora asociada MPC |
Sanjuana Martínez, periodista:

 

En 2011, el Club de Periodistas de México la reconoció con el Premio Nacional de Periodismo, en la categoría de trabajo de mayor interés nacional por la difusión de reportajes de investigación. En 2014 fue nombrada Periodista del Año y recibió el Premio a la Libertad de Prensa por parte de Reporteros sin Fronteras. Con 30 años de trayectoria, la periodista mexicana Sanjuana Martínez ha logrado el reconocimiento internacional gracias a su labor como defensora de los derechos humanos, por su lucha incansable contra de la violencia de género, así como por sus investigaciones sobre la delincuencia organizada y los crímenes de pederastia encubiertos en el país.

 

 

En su experiencia, ¿cuál diría que es el aspecto más difícil de sobrellevar en la profesión periodística?

Vivir la situación de inseguridad y amenazas que actualmente vivimos los periodistas mexicanos. Particularmente por el peligro colateral hacia nuestros seres queridos. Aprender a sortear los cercos de silencio que ponen los poderes fácticos y que nosotros tenemos que romper para hacer nuestro trabajo, son una serie de obstáculos con los que tenemos que lidiar de manera cotidiana, para finalmente convertirnos en voz de los que no tienen voz. Yo creo en el periodismo social que no se conforma solamente con publicar, sino que busca un cambio.

También creo que los periodistas estamos obligados a ser agentes de cambio para el bienestar de nuestro país, para crear un México donde sea posible respetar los derechos humanos, los valores democráticos y el combate a la pobreza. Es preferible pensar que otro México es posible, una nación donde el rezago contra los trabajadores sea disminuido, donde la falta de equidad y la distribución de la riqueza desaparezcan, donde vivamos con equidad y justicia —no solo económicamente, sino en cuestión de oportunidades laborales—. Los periodistas debemos luchar por un país donde la educación sea el motor principal de su progreso, y las opciones de vida personal sean respetadas sin temor a discriminación. México debería ser un lugar donde la corrupción no sea el pan de cada día, como ahora lo es. Un país con igualdad de derechos para todos.

 

México es un país peligroso y letal para ejercer el periodismo. ¿Qué puede hacer la sociedad para resolver esta situación?

Los periodistas necesitamos el apoyo de los ciudadanos para cumplir con nuestra labor. Necesitamos a nuestros lectores, oyentes y televidentes para demostrar que nuestro trabajo también tiene una función social: informar. Un pueblo informado jamás será un pueblo manipulado por ninguna de las fuerzas oscuras. Los mexicanos deberían apoyar más a sus periodistas independientes, críticos y libres, porque la libertad de expresión es el sustento de la democracia. Cada día que matan a un periodista, matan un pedazo de nuestra democracia, porque están violentando el derecho a la información que le pertenece a los mexicanos y que nos toca defender a todos.

A veces pensamos que a los ciudadanos no les importan las matanzas que están ocurriendo en contra de los comunicadores —porque ya se puede hablar de una matanza generalizada: 160 compañeros han sido asesinados, algunos de la manera más cruel: y una veintena de ellos han sido desaparecidos—. Nosotros pensamos que esos crímenes no les importan porque, cuando hay protestas, salimos nosotros y esperamos contar con su apoyo, pero no siempre es así. Ojalá y esta reivindicación que hacemos de nuestro trabajo llegue al alma, al corazón de todos los ciudadanos para que se involucren en la defensa de sus periodistas. No es que nosotros seamos especiales o ciudadanos de categoría, pero nuestro trabajo es sensible porque buscamos el derecho a estar informados verazmente.

 

 

Los periodistas son representantes designados para informar a la sociedad. Considerando su trayectoria, ¿considera que México está perdiendo la apatía por informarse más?

Yo creo que la conciencia social está despertando, pero todavía no es suficiente. El movimiento YoSoy132 descubrió al duopolio televisivo que obedece a los poderes fácticos, que está arrodillado ante el dinero y los poderes políticos. A partir de eso, la sociedad ha ido despertando. Ya no solamente se informa a través de la televisión; ahora recurren a muchos medios alternativos —sobre todo en internet, por la gran cultura de libertad que existe en la web—. También, periódicos como La Jornada siguen cumpliendo con su deber ético; son los medios empeñados en alumbrar los temas prohibidos o escondidos.

Los ciudadanos se han dado cuenta de que es importante no solo informarse por un cáncer (por la tele o por el radio), sino buscar otros medios informativos. Eso es lo que fomenta la búsqueda de información fidedigna, libre, independiente y crítica, para que cada persona forme un criterio, y para que la opinión pública sea verdaderamente notificada de lo que sucede en este país.

 

 

¿Cuál es la mayor satisfacción en el trabajo de Sanjuana Martínez?

Es la gratitud de las víctimas con las que me encuentro día con día. Familiares víctimas de los abusos de estado, de desaparición forzada. Recibir el abrazo de gratitud de una madre o de un entrevistado es el mayor reconocimiento que uno puede esperar.

También es gratificante cuando ves que tu trabajo realmente significó algo. Porque a veces publicamos notas y no sabemos si eso ayudó o no. Lo que finalmente nos dice que lo que hicimos valió la pena es cuando nos damos cuenta que un reportaje contribuyó a detener a un corrupto, a un asesino, a un funcionario que no hizo bien su trabajo, a la autoridad que traicionó su deber. Cada vez que sucede eso, uno comprueba que los periodistas somos agentes del cambio.

 

 

¿Qué significa la ética para Sanjuana Martínez? ¿Cómo la vive en su día a día?

El cometido de los periodistas es buscar la verdad, por lo que necesitamos guiarnos con valores éticos. Entonces, la ética del periodista es ponerse en el lugar del otro, del testigo. Ante todo, los periodistas trabajamos con base en la ética, y si no cumplimos con los valores éticos, traicionamos nuestra profesión.

 

“Un pueblo informado jamás será un pueblo manipulado por ninguna de las fuerzas oscuras”.

 

¿Qué consejo le daría a la nueva generación de periodistas para evitar caer en actos de corrupción?

Como educadora, es muy estimulante hablar con las nuevas generaciones, porque el periodismo requiere de voces jóvenes con valores supremos como la búsqueda de la verdad y la justicia. Por supuesto, yo diría que lo más importante es mantenerse firme, sabiendo que nuestro deber es darle voz a quienes no la tienen, alumbrar las zonas oscuras de la información.

Creo que es muy importante que nunca pierdan el rumbo, que no se dejen deslumbrar por el poder, cuyo objetivo final es llevar periodistas a su terreno. Deben comprobar que el periodismo es el mejor oficio del mundo (como diría Gabriel García Márquez) y que tenemos el privilegio de ser portavoces de la verdad. Al pueblo debemos cumplirle con 100 % de honestidad y compromiso social, y con mucha práctica.

 

 

¿Considera que la corrupción es un mal endémico de México?

Por desgracia, la corrupción forma parte del tejido social; hemos vivido décadas con gobiernos corruptos, cuyas prácticas han penetrado en las venas de la sociedad. Además, muchas personas consideran que todos somos la corrupción, y que revertirla es una labor titánica… pero cambiar nos corresponde a todos. Creo que es fácil terminar con la corrupción porque reside en la individualidad: solo tenemos que decidir no ser corruptos.

Todos tenemos la oportunidad de ser corruptos o corruptores. Para decidir, uno tiene que preguntarse si quiere cambiar a México. Si es así, tenemos que implicarnos, dejar de preguntarnos qué nos van a dar por transformar el país, y  mejor preguntar “¿qué daré yo para cambiarlo?”. Soy optimista, creo que las nuevas generaciones no están dispuestas a aceptar que México es un país corrupto. Yo los invito a que todos pongamos nuestro granito de arena para erradicar la corrupción.

 

 

 


 

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