Gonzalo Alonso
CEO de ClowderTank y CuentasOK: “Realizar una transformación digital adecuada determinará el futuro de los negocios”.
Esteban Muñoz Aguilar | | Edición: 51
Gonzalo Alonso

 

No ingresó a Microsoft México como director de Ventas para T1MSN, sino para contribuir en una área distinta del negocio. Ahí, uno de los colaboradores notó que Gonzalo Alonso tenía aptitudes innatas para la tecnología digital. ¿Y por qué no? En su niñez, mientras sus amigos disfrutaban campamentos de verano en el bosque, él aprendió a programar en campamentos de computación.

La era y la transformación digitales están en la sangre de Gonzalo Alonso, CEO de ClowderTank (incubadora de negocios) la primera consultora de Latinoamérica especializada en transformación digital; y de CuentasOK, herramienta en la nube para administrar las pymes mexicanas, que les permite simplificar su manejo fiscal e iniciar un proceso de pago y cobranza.

También es notable su interés por impulsar la transformación digital en el emprendimiento. Después de todo, quién mejor que el otrora vicepresidente de Marketing en Mercado Libre; director de Ventas para T1MSN Microsoft en México; vicepresidente de Marketing y Publishing en Grupo Expansión; y el primer director general de Google en Latinoamérica, para hablar de tecnología, negocios, Fintech (tecnología financiera) e Inteligencia Artificial.

 

¿Qué te motivó a emprender? ¿Por qué no continuar tu carrera en negocios tan importantes como Google o Microsoft?

La vida es una serie de ciclos, y yo estoy muy agradecido por los ciclos que viví en Microsoft y en Google. Pero los corporativos actuales están conformados por atletas: personas de alto rendimiento que dedican todo lo que tienen a un proyecto empresarial. Llega un momento en que todos los ‘deportistas’ deben enfrentar lo que sucede en su ‘deporte’ y comparar la calidad de su colaboración, después de que pasaron sus mejores momentos en las organizaciones. Entonces, entendí que mis ciclos corporativos terminaron, y pensé en tres conceptos que necesitaba desarrollar: libertad, agilidad e impulso fuera de mi zona de confort.

Además, siempre he tenido una vena docente y académica. Por ejemplo, mi libro —La revolución horizontal: El poder de la comunicación en manos de la gente— es tan académico que varias universidades sudamericanas lo utilizaron para explicar la transformación digital. Por eso, las conferencias siempre me han interesado mucho. También me interesa por que me gusta regresarle algo de mi éxito al ecosistema, porque veo una brecha muy clara entre lo que se necesita para emprender, y lo que el panorama ofrece para crear buenas empresas.

 

¿Cuáles dirías que han sido los momentos más difíciles que has vivido como emprendedor?

Primero, que el emprendimiento y las empresas son sitios muy solitarios; al principio, todos los líderes necesitan flotadores que le permitan seguir y alcanzar la meta final. Otra (más obvia) es el momento de pagar nóminas, por la gran responsabilidad sobre el proyecto y el talento de los colaboradores; eso es algo que no te abandona. Además, cuando inicias un proyecto en la era digital, debes tomar decisiones a una velocidad rapidísima. Por ejemplo, en los primeros tres años, ClowderTank y CuentasOk debieron sufrir 4 o 5 cambios muy profundos en modelo de negocio, productos y talento. Esos cambios son muy complejos cuando se realizan en un lugar tan solitario como el emprendimiento; es muy difícil saber manejarlos, fijar el rumbo y tener la seguridad de que se está haciendo lo correcto.

Esa incertidumbre es el aspecto más difícil del emprendimiento; es como ir en una carretera oscura, donde mi visibilidad se aclara cada 200 metros en el camino. Entonces, tienes que manejar con la ansiedad de no poder ver más allá. La división entre los profesionales y los amateur es saber manejar esa incertidumbre, recorrer el camino con fe.

 

En tu opinión, ¿qué necesita el panorama emprendedor de México y América Latina para crear productos más innovadores y consolidar su éxito?

Para mí, hay tres factores que nos detienen. Primero, falta de visión: no iniciamos proyectos que escalen de la forma adecuada, o que tengan una meta clara en su crecimiento, más allá de generar capital. Después, falta de planeación: hay muchos emprendedores latinos con ganas y sueños que no traducen en planeación; entonces, en algún momento pierden el camino. Finalmente, falta de talento externo: al emprender, tendemos a pensar que somos los mejores en el proyecto; no estamos acostumbrados a colaborar, y eso nos confina al mundo del liderazgo solitario y egoísta, donde la competencia se aleja (cuando podrían ser tus aliados), y no te apoyas en referencias externas.

Muchos emprendedores digitales todavía no saben jugar en equipo, y eso es gravísimo. Yo veo muchas empresas que dependen de un solo talento/líder, o de una gran idea. Hay muy pocos líderes con el espíritu colaborador que los llevará a la meta. De hecho, los grandes líderes recurren a ejemplos externos para desarrollar su contexto —liderazgos históricos, de credo (etcétera)— porque son referencias de contraste que les permiten tomar decisiones rápidas, pero también informadas y cuidadosas.

Actualmente vivimos un momento del emprendimiento donde tenemos que regresar a lo básico. Hemos vivido años de disrupciones muy llamativas, como el caso de Uber, pero no todas las disrupciones son así; por eso, primero debemos solucionar cuestiones básicas del mercado, y después podemos enfocarnos a metas más altas. CuentasOK ofrece una solución en transacciones, porque son básicas e indispensables para realizar préstamos, abrir cuentas bancarias, etc. Otro caso es el e-commerce: se habla mucho de plataformas, pero a veces ignoramos la logística: atención al cliente, entregas a tiempo, etc. Eso es volver a lo básico.

 

En foros pasados mencionaste las bondades de internet como un medio democrático e inclusivo. Al respecto, ¿que necesitan las empresas para ser tan democráticas e inclusivas como internet?

Transparencia, y esta debe ser absoluta, sin espacio para medias verdades. Google es tan transparente que, todos los viernes, muestra su estado de resultados a toda la empresa (para bien o para mal), y esto presiona al liderazgo porque deben atender las exigencias de los empleados; esa es la dinámica pura de un negocio transparente, e imita la naturaleza democrática de la web.

También hay que empoderar a los pares, porque el internet funciona por medio de la colaboración. Menos del 5 % del contenido en la red se produce profesionalmente; el resto lo producimos los usuarios, los pares. Entonces, tenemos que empoderarlos en las empresas para impulsar el éxito. Así se propone una estructura de trabajo más horizontal.

Por otro lado, las empresa deberían ser más permeables hacia la innovación: aprender a fracasar (grande y rápido) para movernos a lo que sí funciona, sin atorarnos en los errores o contratiempos. Eso es parte natural de la innovación, y sucede todo el tiempo en internet. En el futuro, los negocios tendrán que ser ágiles.

La última clave (y la más preocupante), es promover inventarios activos: listos para atender la demanda del consumidor, en tiempo real. Si las empresas no lo consideran, no podrán imitar la rapidez de internet y potencia la experiencia del consumidor.

 

¿Cómo se crea una estructura horizontal, al mismo tiempo que se mantienen las jerarquías de dirección tradicionales?

En una empresa global no es tan buena idea que el director de marketing de México le reporte a su director general, quien no es un experto en el tema. Sería mejor que le reportará al líder de marketing para Latinoamérica, quien se sienta con el resto de los líderes de marketing del corporativo. Entonces, hay muchas formas de crear verticalidad sin verticalizar el modelo de negocio; este es el escenario ideal de una empresa horizontal. Claro, todavía se discute mucho el alcance de la verticalidad, porque hay negocios que no deberían transformarse digitalmente, dependiendo de su contexto, misión, metas y necesidades.  

 

¿Cuál sería un negocio ágil del siglo XXI, de acuerdo con Gonzalo Alonso?

Aquel que resuelve las inquietudes del usuario, en tiempo real. Para esta transformación, debemos tomar en cuenta 3 mecanismos transformadores: primero, ser paperless (sin papel); no hay que retrasar proceso con papeleos innecesarios; el segundo es unificar las bases de datos, e instaurar una gobernancia que la regule, pues será el activo más importante del negocio. Y en tercer lugar, desarrollar un indicador único en la base de datos, para los usuarios (no para los productos); la gran evolución de la era digital es registra la cantidad de productos que se han vendido a un usuario determinado. Todo esto generará una cosmovisión centralizada en el usuario, no en los productos que deseamos vender.

 

¿Cuál es el panorama de la transformación digital en México? ¿Qué oportunidades tienen nuestro país en este campo?

Veo un ambiente confuso y revuelto. El gobierno ha implementado cosas muy avanzadas, en beneficio del ciudadano y de la nación (aunque no lo parezcan), como el SAT con la implementación de CFDI, y que ha cuadruplicado la base tributaria en tres años. Otros son un desastre, como la tramitación de pasaportes, a pesar de los muchos intentos que han hecho para digitalizar el proceso; no han conectado con la ciudadanía.

Me parece que Latinoamérica está digitalmente roto, por diferencias sociales, de proceso, de homologaciones y cuestiones culturales. Nos concentramos mucho en esas rupturas, y no en lo que puede impulsar las ciudadanías tradicional y digital. Eso será un problema para el continente, porque no hemos abordado uno de los trenes de disrupción más importantes de la historia. Este es un reto al que tenemos que darle la vuelta: hay más penetración digital, la bancarización sigue siendo muy pobre, la organización ciudadana digital es nula, etcétera. Podemos sacar provecho de la vida digital, pero todavía la resguardamos a una modernización futura e incierta. Todos somos responsables de subirnos al tren digital para salir adelante.

La sociedad y la transformación digital son como dos novios caminando por la calle, tienen un desfase amigable: no tan separados como para perder la intimidad; no tan juntos para que los obliguen a casarse. Pero lo que de verdad está en juego es nuestro ser, la esencia de lo que somos, al no querer acompañar la transformación digital. Realizar una transformación digital adecuada determinará el futuro de los negocios y de las personas, su escala. Si uno sospecha que debe subirse al tren, tiene que abordarlo ya.

 

 

“Muchos emprendedores digitales todavía no saben jugar en equipo, y eso es gravísimo”.  


 

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