Adicciones en las Empresas
Como un problema multifactorial, las adicciones pueden tratarse desde la dimensión laboral.
Hurí Barceló Rodríguez, Responsable del CAS en el Modelo ELA | | Edición: WEB
Adicciones en las Empresas

En la actualidad, ya se ha reconocido ampliamente que la adicción es una enfermedad. Poco a poco, ha disminuido el estigma de un “vicio” o simplemente una “mala conducta”. Se trata de una enfermedad crónica, que al igual que otras, presenta una grave progresión que inicia con el consumo problemático, es decir, inicia con síntomas y signos leves que paulatinamente se agravan de no recibir un tratamiento adecuado. Asimismo, la adicción es una enfermedad multifactorial, es decir, no tiene una única causa.

Aunque sea una condición que se manifiesta en un solo individuo, cuando la adicción se presenta en un adulto las consecuencias impactan en el entorno familiar, social y laboral; de tal forma, una adicción es una enfermedad de la esfera privada que incide directamente en las relaciones con los otros.

Es necesario tener en consideración que en un proceso adictivo, la capacidad para distinguir lo que es benéfico de lo que es dañino para sí mismo se ve gravemente afectada. Esta es la dimensión mental de la adicción. Y a medida que se agrava la enfermedad, se diversifican y hacen más notorias las manifestaciones de este desajuste. Por ejemplo, en el trabajo se notará menor tolerancia a la frustración, a las correcciones de los superiores en jerarquía, fallas en el juicio de la evaluación de riesgos, dificultad para observarse a sí mismo y asumir la responsabilidad de los propios actos, justificación de su consumo de sustancias, entre otras.

En cuanto a la dimensión conductual de la adicción, se corre el riesgo de que la persona asista intoxicada o se intoxique en el área de trabajo y a partir de esta condición aumente el riesgo de provocar un accidente o verse involucrado en él. De igual manera, aumenta la probabilidad de que el trato a los materiales e instrumentos de trabajo sea descuidado o negligente. A esto habrá que agregar el absentismo incrementado.

Por ejemplo, a partir de un monitoreo realizado por el Equipo de Evaluación del Modelo Empresa de Bienestar Libre de Adicciones en 24 empresas en el estado de Jalisco, entre el 2015 y 2018 se encontró que un 2.5% de trabajadores han faltado a su trabajo por un día a causa de consumo de bebidas alcohólicas. Todo esto se traduce en pérdidas económicas para la empresa y para los empleados que se ven involucrados.

En definitiva, la adicción en los colaboradores impactará tanto en la productividad como en el clima organizacional de la empresa, incluso en la cultura organizacional misma, a través de la normalización e institucionalización de conductas perjudiciales, evasivas y de justificación, entre las que destaca como ejemplo el famoso “San Lunes”.

Entonces surge la pregunta: ¿cuál deberá ser la participación de la empresa y el empresario ante el fenómeno adictivo? Atendiendo dos aspectos principales podemos configurar una respuesta.

El primero de estos aspectos parte de la premisa de que la mayor parte de la vida en vigilia de un adulto transcurre en su trabajo. Y en la medida que una empresa desarrolla un clima y una cultura organizacional que fortalece los factores de protección ante los procesos adictivos y disminuye los factores de riesgo, sus colaboradores estarán en condiciones de dar un mejor desempeño, presentando una mayor identificación con la empresa, generando estilos saludables de vida y alineando proyecto de vida individual con la misión de la empresa. El resultado es mayor dedicación y cuidado en el trabajo que directa e indirectamente redundará en mejora significativa de la calidad y productividad. En estas condiciones es cuando se puede desarrollar un círculo virtuoso, en el que la implementación de medidas integrales de fortalecimiento de factores de protección ante las adicciones beneficie a los colaboradores y esto a su vez favorezca los resultados de la empresa, estableciendo las condiciones para el alto desempeño.

El segundo aspecto es la vocación de responsabilidad y liderazgo social de la empresa, pues si bien la adicción se presenta como un una enfermedad en una persona, facilitar que alguien que la padece reciba tratamiento adecuado o evitar que otros colaboradores la desarrollen tendrá un impacto social invaluable en términos humanos y sociales, principalmente a favor de la ética y la responsabilidad que las empresas asumen hacia sus socios.

A partir de la reflexión sobre estos dos aspectos queda abierta una invitación a integrarse a una nueva cultura empresarial que asume con claridad la responsabilidad de generar bienestar, a través de facilitar la construcción de estilos saludables de vida y de una conciencia de ser para trascender.


Por Hurí Barceló Rodríguez, Licenciada en Psicología y Responsable del Centro de Atención y Soporte (CAS) del Modelo Empresa de Bienestar Libre de Adicciones.

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