Algunas prácticas de ética digital
María Eugenia Nieto Caraveo, maestra en Filosofía y Ética Aplicada, |
Algunas prácticas de ética digital

La ética especializada en regir cierto giro actividad o ramo se conoce como “ética aplicada”. Así nacieron la bioética, la ética de los negocios, la profesional y la de sustentabilidad (entre otras). Pero estas aplicaciones siempre se refieren a cuestiones de libertad, posibilidades para el ser humano, o las decisiones que prueban nuestras virtudes, valores, principios y fines.

La tecnología digital es un espacio de posibilidades humanas que ha despertado las charlas sobre “ética digital”. Basta con googlear este concepto para conocer las discusiones sobre el tema: normas necesarias para regular la actividad digital y frenar los crímenes cibernéticos —el fraude digital está en boga y el tradicional va a la baja, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef)—; declarar principios para la sana convivencia, legalidad y preservación de la dignidad humana en los medios digitales; establecer fronteras, jurisdicciones y límites de la regulación digital; o sobre deslinde de responsabilidades. En resumen, se discute la necesidad de acotar el curso de las acciones humanas que se ejecutan en torno a la tecnología.

Para una organización, las prioridades éticas se han decantado hacia el manejo, protección y cuidado de los datos que transitan en redes, softwares o sistemas ante el riesgo de que un “ladrón invisible” disponga de ellos, a su favor y en nuestra contra. Estas son algunas prácticas de ética digital que pueden figurar en el negocio:

  • Instaurar y actualizar sistemas de seguridad de la información para evitar su vulneración y daños para la organización (colaboradores, clientes y otros grupos de interés).

  • Atender las regulaciones de la Ley de Datos Personales como práctica ciudadana, y en adhesión a nuestras responsabilidades civiles.

  • Establecer políticas claras sobre el uso de los equipos digitales para evitar vulnerabilizar los datos.

  • Incluir el principio de confidencialidad en el Código de Ética (independientemente de la obligación contractual) y gestionarlo a través de campañas de difusión, encuestas de percepción o cualquier otro instrumento que permita visualizarlo.

  • Realizar cursos y talleres de capacitación sobre tecnologías digitales para no incurrir en daños o vulneración involuntaria de la información por ignorancia o falta de pericia; y como parte del empoderamiento de los colaboradores a través de la educación y actualización de contenidos.

Otra gran responsabilidad ética es investigar e identificar las oportunidades que estos espacios nos ofrecen como organización, no solo para modernizar y mejorar nuestras operaciones, sino para favorecer a terceros (público interno, proveedores o comunidad).

Las tecnologías digitales ofrecen grandes oportunidades para el desarrollo sostenible. Es nuestra responsabilidad conocerlas, discutirlas, incluirlas en la gestión del negocio, difundirlas y actuar por el valor de nuestras aportaciones en la construcción de la sociedad:

  • Preferir los medios digitales a lo impresos, redundando en beneficios económicos y ambientales, favoreciendo la sustentabilidad organizacional y social.

  • Fomentar la comunicación digital con propósitos explícitos, públicos y claros para generar comunidades de colaboración productivas y respetuosas.

  • Aprovechar las bondades de la digitalización para impulsar el desarrollo de nuestro público interno, a través de programas en línea y a distancia.

Las tecnologías digitales han abierto un amplio campo de posibilidades, para bien o para mal. Está en nosotros tomar la mejor decisión hacia el mayor bien posible.

 

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