Contra la desconfianza
¿Cómo garantizamos que la ética sea el pilar de la toma de decisiones?
Ignacio Javier Aceves Monayo, socio de la práctica de Consultoría en Institucionalización de Empresas Familiares, Gobierno Corporativo y Administración de Riesgos de Negocios en Global Practice International, S.C. |
Contra la desconfianza

Es muy interesante observar que la formación ética en México está constantemente influenciada por actos negativos. De pequeños escuchamos a nuestros familiares declamar groserías y otras expresiones altisonantes sobre los personajes políticos del país, o de personas a quienes se les reprueban ciertos actos. Tampoco perdemos la oportunidad de juzgar a los que se libran de inconvenientes menores con ‘mordidas’, solucionan trámites a cambio de dinero, o consiguen un beneficio económico significativo con actos antiéticos en las corporaciones.

Pero la  percepción de los valores y el significado de la ética son distintos para cada persona; estas son definiciones influenciadas por circunstancias individuales como la familia o las experiencias. Sin embargo, al entrar en una etapa de madurez profesional, empezamos a entender que el dinero fácil y la falta de ética no nos llevarán a ningún lado. Al contrario, elegimos gestionar nuevas y mejores oportunidades para alcanzar un desarrollo económico legítimo y una mejor calidad de vida.

De acuerdo con  la encuesta “Global Business Ethics Survey” (GBES), realizada por la Ethics and Compliance Initiative (ECL), 13 % de los ejecutivos mexicanos consideran que existe una presión importante en el cumplimiento de los objetivos, mientras que 33 % de los participantes ha observado algún tipo de comportamiento antiético en las organizaciones. Asimismo, la encuesta refleja que la presión es el precursor principal para generar acciones ilícitas en las organizaciones, como las mentiras y el comportamiento abusivo. Por otra parte, 63 % de las empresas mexicanas reportan casos de conductas no éticas, y 31 % implementan medidas de represalia contra de los denunciantes.

La ética es un valor intrínseco de nuestra personalidad; sin embargo, solo se necesita un cambio en las circunstancias, la identificación de alguna oportunidad o la presión social para poner en duda las decisiones de los empresarios, directores y colaboradores para que, eventualmente, realicen actos que no son éticos. En mi experiencia como auditor y consultor, puedo compartirles que el porcentaje de empresas afectadas por algún incidente ilícito es bastante alto.

Entonces, ¿qué debemos hacer para promover y permear el comportamiento ético en las empresas? Primero, asegurar que el Consejo de Familia tenga claro cómo deben actuar ante comportamientos no éticos de los familiares y otros miembros del organismo: no deben permitirse por ninguna razón. Segundo, la empresa debe conocer claramente su misión y visión, sustentándose en un Código de Ética claro y robusto que le permita vivir sus estatutos por convicción propia, no como reflejo de una cultura basada en la desconfianza.

Tenemos un camino largo y empedrado bajo nuestros pies, pero es decisión de nosotros cambiar ese famoso tone at the top para empoderar a los agentes del cambio ético en nuestras organizaciones.

 

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