Desobediencia civil. Para crecer, hay que cuestionar
Se dice que el fin justifica los medios; en ocasiones, eso implica infringir las normas y asumir las consecuencias de nuestros actos, para propiciar el cambio de las injusticias sociales.
Sebastián Pérez Ortega, redacción |
Desobediencia civil. Para crecer, hay que cuestionar

Cada vez escuchamos o leemos más noticias de agentes y líderes de opinión que alientan cambios éticos, políticos y sociales. Sin embargo, la gran mayoría de las personas se preguntan cómo lograr soluciones concretas, de una forma ordenada y pacífica. Es así como debemos preguntarnos hasta qué punto es que los individuos estamos obligados a obedecer al gobierno, cuando sus leyes o medidas nos parecen injustas. Pero ¿cuándo es que podemos desacatar la ley para iniciar un cambio positivo en la sociedad? ¿Y cómo deberíamos hacerlo?

Este es el cuestionamiento germinal de la ‘desobediencia civil’, un acto que, en el contexto actual y en varias regiones del mundo, comienza a ser una de las herramientas más efectivas para propiciar un cambio positivo, y pacífico, en las instituciones y en la sociedad.

 

 

Contra la injusticia, pero en favor de la ley

En 1846, el autor estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862) definió la desobediencia civil después de pasar una noche en prisión¹ —se rehusó  a pagar sus impuestos como un acto de protesta hacia la esclavitud, y a la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848)—. Al cometer un delito y asumir las consecuencias de sus actos, Thoreau expresó su interés por despertar el sentido de justicia de la mayoría, al mismo tiempo que respetaba las demás leyes e instituciones sociales que lo regían como ciudadano. “Hay leyes injustas; ¿nos resignaremos a obedecerlas, o intentaremos enmendarlas y no las obedeceremos sino hasta que lo hayamos conseguido? O más bien, ¿las incumpliremos de una vez?”.

Pero Thoreau no ha sido el único en defender sus convicciones de esta manera. En 1955, Rosa Parks, una mujer afroamericana oriunda de Montgomery, Alabama (Estados Unidos), se negó a acatar una legislación que dictaba que los miembros de la “raza negra” debían ceder sus asientos de autobús a la población caucásica. “La gente siempre dice que no cedí mi asiento porque estaba cansada, pero no es cierto [...]. El único cansancio que tenía era el cansancio de ceder”. Rosa Parks

Debido a esta desobediencia, Rosa Parks fue encarcelada por las autoridades. Esta infracción legal detonó un paro de labores por parte de los conductores afroamericanos de autobuses por más de un año, hasta que la ley de segregación fue revertida. Además, este acto también marcó el comienzo del movimiento por los derechos civiles en Norteamérica, encabezado por Martin Luther King, Jr.

 

“Si un hombre piensa con libertad, sueña con libertad e imagina con libertad, difícilmente le podrá parecer verdadero aquello que no lo es, y ni los gobernantes ni los reformadores obtusos podrán interferir de modo decisivo en su camino”. Henry David Thoreau

 

 

Desobedientes por la paz

En ocasiones, un acto de desobediencia civil requiere de mucho más que la negación a cumplir una ley que es dañina para la sociedad. A veces, es necesario empezar por una revolución pacífica. Un ejemplo reciente son las acciones de Malala Yousafzai, una joven paquistaní que, desde sus 11 años, ha defendido el derecho a la educación femenina en contra del movimiento Talibán. “No pueden detenerme. Voy a formarme, tanto si es en casa, en la escuela o donde sea. Esto es lo que pedimos al mundo: que salve nuestras escuelas, que salve nuestro Pakistán, que salve nuestro Swat.”

Con el apoyo de su padre, Ziauddin Yousafzai², Malala comenzó a participar en conferencias y entrevistas, donde describía las prohibiciones del Talibán en su tierra natal, esperando encontrar el apoyo de otras comunidades y naciones en su lucha por la educación. Paulatinamente, sus palabras fueron escuchadas por la BBC y por el diario The New York Times, con quienes escribió un blog y realizó el documental Class Dismissed (Se levanta la sesión)³, respectivamente. No obstante, esta dedicación y resiliencia desembocó en un intento de asesinato, el 9 de octubre del 2012, mientras Malala regresaba a casa junto con dos amigas, después de tomar un examen en la escuela. Pero eso tampoco detuvo a la joven, quien logró sobrevivir al incidente, y cuyas acciones posteriores han consolidado un movimiento internacional por el acceso a la educación y los derechos de los niños y jóvenes, que le ha merecido el premio Nobel de la Paz 2014.

Y las acciones de desobediencia civil tampoco son cosa del pasado en los Estados Unidos. En 2013, Edward Snowden, un empleado de la Agencia Nacional de Seguridad (o NSA, por sus siglas en inglés) de este país, reveló una serie de documentos que expusieron el espionaje ilegal de teléfonos y cuentas personales de compañías como Google, Apple y Facebook, por parte del gobierno estadounidense. En sus propias palabras, los esfuerzos de Snowden pretenden ser un despertar del pueblo norteamericano y de su propio gobierno, que permita reevaluar y respetar la privacidad de su ciudadanía, así como sus relaciones diplomáticas con otros países.

Esta es una causa por la que Edward Snowden también está dispuesto a asumir las consecuencias: “Mientras beneficie a la causa correcta, estoy dispuesto a ir a prisión. Me importa más lo que pase con mi país que lo que me suceda a mí. Pero no podemos permitir que la ley se convierta en un arma política, ni estar de acuerdo en que se asuste a la gente por exigir el respeto de sus derechos”⁴.

 

Evolución social, un futuro pacífico

Uno de los aspectos más cuestionados de la desobediencia civil es el que se refiere a la división entre las protestas pacíficas y las revoluciones armadas. Incluso, el mismo Thoreau consideraba que, en ciertas ocasiones, el levantamiento debía considerarse como una responsabilidad social para propiciar los cambios en sus gobiernos. Sin embargo, ejemplos como los de Snowden, Rosa Parks y Malala demuestran que, a largo plazo, el camino de la paz corregirá muchas más injusticias que el derramamiento de sangre.

 

Los actos de desobediencia civil son un llamado que busca enmendar cualquier injusticia que un hombre o gobierno haya causado. Además, debido a que las personas que los inician también creen y confían en el derecho, ellos reconocen que un acto ilegal puede convertirse en una vía para el mejoramiento de las leyes.

 

 

 

 

Referencias

¹ Thoreau, Henry D. (1846) Desobediencia civil. Tumbona Ediciones. Disponible en bit.ly/DeCivil

² Conferencia de Ziauddin Yousafzai en TED: bit.ly/Ziauddin

³ Stuart, J. (2015) Class Dismissed. 3StoryFilms. Disponible en bit.ly/classdismiss

⁴ Bamborf, J. (2014). Edward Snowden: The untold story. Wired Magazine. Disponible en bit.ly/EdSnow

 

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