Bicimáquinas, una idea loca con impacto social
Alejandra Valenciano Ortega, editora asociada |
Bicimáquinas, una idea loca con impacto social

¿Te has preguntado cómo sería tu vida cotidiana si desapareciera la energía que hace funcionar a los electrodomésticos con los que resuelves tus necesidades más básicas? Las bicimáquinas son artefactos sencillos y económicos que se accionan con la energía que generan tus piernas al pedalear y son capaces de realizar diversas actividades mecánicas como extraer agua, licuar frutas, desgranar maíz, moler café o lavar ropa, entre otras tareas.

 

 

Reconstruir con bicitecnología

Las bicimáquinas surgieron hace 20 años en San Andrés Itazapa, Guatemala, y desde entonces han hecho más fácil la vida de los habitantes de comunidades rurales, desde América hasta África. Sin embargo, también se presentan como una opción cada vez más viable para las ciudades que dependen completamente de los combustibles fósiles y las fluctuaciones económicas de éste.

Carlos Marroquín se declara “culpable” de la existencia de las bicimáquinas. Nos cuenta que su principal motivación para crearlas fue ayudar a las familias guatemaltecas, devastadas tras la guerra civil que azotó a aquel país por casi 40 años y dejó cientos de miles de muertos, desaparecidos y desplazados. “En ese tiempo yo buscaba un mecanismo para ayudar directamente a las familias de escasos recursos y facilitar sus labores cotidianas. Veíamos que en las comunidades el problema que tenían es que era muy difícil desgranar el maíz; lo hacían a mano o lo molían en las piedras. De ahí nació la idea para implementar el molinito de mano a una bicicleta. Al principio, me dijeron que estaba loco, que eso no funcionaba, y pues bueno, tuve dificultades. Imagínate decirle a una señora de nuestra cultura: ‘deje de moler a mano y súbase a una bicicleta’; no era conveniente porque iba contra su cultura, contra sus costumbres. Pero cuando vieron cómo empezó a trabajar la maquinita, ellos mismos dieron nuevas ideas y de ahí nació el modelo estándar que hoy tenemos”.

Ahora, las bicimáquinas hablan por sí solas: existen más de 20 diseños (bicilicuadoras, bombas de agua, generadores de electricidad, molinos de nixtamal y café, compactadoras, desgranadoras de maíz y de macadamia, despulpadoras de tamarindo, bicilavadoras, entre otras) y Marroquín continúa generando nuevos modelos todos los días.

“En ese tiempo (1997) nos visitaron unos canadienses que querían implementar la bicicleta como medio de transporte en Guatemala. Trabajé algunos meses con ellos de voluntario y me dieron la oportunidad de desenvolver el talento que yo tenía. Yo les dije que tenía algunas ideas locas y así empezamos a hacerlas realidad. Pero como decía, era difícil ir a una comunidad a decirles que usaran un nuevo aparato; además, en esa época estar con extranjeros era como estar con los ‘contra’ del Ejército. Era muy peligroso. Entonces lo que hicimos fue ir directamente con las familias en las que confiábamos para poner en práctica las bicimáquinas”.

 

 

El sueño convertido en empresa

Una bicimáquina es capaz de acelerar hasta ocho veces la realización de cualquier actividad manual. Para dimensionar el impacto que su invento ha tenido en las comunidades rurales del mundo, Carlos hace un cálculo rápido: antes, desgranar 360 kilos de maíz, le tomaba a una familia necesitaba al menos ocho horas. Con la bicimáquina pueden hacerlo en tan solo una hora.

En un inicio, Carlos canalizó su idea a través de una organización civil. Sin embargo, después de algunos sinsabores decidió hacer Bici-Tec, una empresa familiar cuyo principal objetivo es promover el desarrollo sostenible a través de las bicimáquinas. La compañía tiene el apoyo de una Junta Consultiva (integrada por constituyentes y partes interesadas) y de un grupo de trabajo internacional que ayuda con labores logísticas y técnicas.Para ser sostenible, Bici-Tec cuenta con una tienda de bicis y un taller de fabricación de bicimaquinas que generalmente son exportadas.

Además, Bici-Tec alberga el proyecto más ambicioso y esperanzador de Carlos: la Escuela de Bici-Tecnología Apropiada, que ofrece cursos intensivos para crear bicimaquinas. Al finalizar el programa, las creaciones de los alumnos son donadas a familias guatemaltecas. La Escuela de Bici-Tecnología Apropiada ha recibido alumnos provenientes de Kenia, Tanzania, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Salvador, México, Estados Unidos y algunos países de Europa.

 

“Es interesante ir a los países desarrollados, porque no se imaginan que en Latinoamérica también se hacen cosas innovadoras”.

 

Embajador del ingenio latinoamericano

La idea loca de Carlos ha llegado mucho más lejos de lo que él mismo pensaba: sus creaciones han sido elogiadas por las universidades y empresas más prestigiosas del mundo. “Nunca me imaginé tanto, porque yo no estudié para eso, estudié hasta nivel básico. Mi idea sólo era dejar algo a la sociedad”.

También ha presentado sus bicimáquinas en las sedes estadounidenses de Google y Facebook, en el Instituto Tecnológico de Massachussets y en 16 universidades más de Estados Unidos y una de Canadá. “Fue una gran experiencia. Me gustó ver todo el interés que tiene la gente en algo que en un inicio yo pensé que no iba a funcionar, y ahora tiene un gran impacto; todo mundo quiere aprender a hacerlo, son como semillas que voy sembrando. Es interesante ir a los países desarrollados, porque no se imaginan que en Latinoamérica también se hacen cosas innovadoras, reflexiona Carlos. “Por eso no estoy de acuerdo con las personas que ponen fronteras o nos dicen tercermundistas, porque todo mundo tiene talento”.

 

 

Conoce más de Bici-Tec, la historia de las bicimáquinas y cómo elaborarlas

 

 

 

Articulos Relacionados