El Negocio detrás de Leer
La industria editorial se encuentra en cambio y evolución constante para llevar el ritmo de sus principales consumidores.
Everardo Gómez | | Edición: 54
El Negocio detrás de Leer

Adaptarse a los cambios. Esa es la premisa para la sobrevivencia, tema que la industria editorial ha sabido manejar de la mejor manera; y es que en la últimos 10 años, los cambios han sido abrumadores, constantes y determinantes. Para Roberto Banchik, Director General de Penguin Random House (México y Centroamérica), detenerse y mirar una década hacia atrás es vertiginoso y sin precedentes, pues dos fenómenos se combinaron y fueron taxativos para la industria editorial: la crisis que comenzó en el 2008, y la digitalización.

“Toda la industria editorial cambió más en estos 10 años de lo que había cambiado en los últimos 100.”

Con crisis no sólo nos referimos a la crisis económica. En México, a principios de marzo de 2009, se registró un brote de gripe porcina de la cepa H1N1 que luego se extendería por varios países y que sería considerada como pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la primera en más de 40 años. El cierre de escuelas por más de dos semanas, el llamado de las autoridades a no acudir a lugares públicos, el cierre de labores, entre otras medidas que se tomaron para evitar más contagios, tuvo repercusiones en toda la economía, y las pérdidas para México fueron calculadas en 4 mil millones de dólares.

“La industria editorial no podía ni producir ni vender. Las crisis suelen afectar la compra de libros porque la gente es uno de los primeros gastos que disminuye, ya que no son artículos de primera necesidad en México.”

Existen, sin embargo, casos en los que las crisis afianzan la identidad cultural.

“En Argentina pasó algo muy interesante porque la gente dejó de ir a conciertos, al teatro, y la alternativa fue la lectura. Las librerías tenían muchos libros en bodegas, y sacaron los libros a precios muy bajos. Esto no se dio en México.”

 

“La industria editorial cambió más en estos 10 años de lo que había cambiado en los últimos 100.”

Paralelo a la crisis, hizo eclosión un fenómeno que transformaría a la industria editorial. La expansión del internet, las redes sociales, la facilidad que representa el tener la información a la mano y la preocupación por el medio ambiente, fueron provocando que las personas encontraran más viabilidad en leer en el celular, la tablet o la laptop. Medios impresos como el periódico y las revistas, mutaron a lo digital casi por completo. Se ha optado por consultar en la web más que a comprar lo impreso, por lo menos en los casos de los periódicos y las revistas. Mientras que el impacto en los libros derivó en un homónimo electrónico (e-books) como alternativa económica y gigantes corporativos como Amazon supieron sacar provecho de las circunstancias.

Aunque en los países de América Latina la venta de libros electrónicos no representa ni el 5% del total de ventas para las editoriales, la industria editorial tuvo que adaptarse a estos cambios sustanciales en la forma en que la gente busca información, se documenta y lee a través de Internet. En el caso de los libros, provocó un cambio en las planeaciones de edición, de imagen, de diseño. El libro digital es considerado por las editoriales como un formato más entre la variedad, —pasta dura, de bolsillo, económico— y para su producción, como en cualquier otro formato, se necesita un arduo trabajo de diseño editorial.

“Cambió mucho la mentalidad de la industria editorial; lo que este desarrollo generó es que cualquier libro puede ser leído en cualquier parte del mundo en cualquier momento. Es un fenómeno que no ha terminado de extraer todo el potencial. En cuanto al consumidor, se topó el libro electrónico con un límite. En América Latina a la gente les gusta el papel, tenerlo tangible.”

Otro de los retos a los que se enfrenta la industria editorial es el estudio de mercado enmarcado en la tendencia digital. Antes se dejaba todo en manos de la intuición de los editores y se producía lo que se creía que era importante, lo que iba a tener impacto. Hoy, las redes sociales han permitido que las editoriales acorten la brecha y sean más cercanas con su público meta, lo cual les permite conocer directamente cuáles son sus intereses. Han facilitado la gestión y análisis de la información, así como la toma de decisiones referentes a lo que se va a publicar y cómo se va a comunicar.

Aunque no dejan de ser empresas con intereses económicos, las editoriales tienen también un compromiso cultural. El desarrollo de nuevos contenidos y el surgimiento de personalidades de alto impacto —como influencers y youtubers— hizo que las editoriales se interesen en trasladar los contenidos audiovisuales a lo impreso. Estas tendencias surgen de una combinación entre el carácter intuitivo y lo racional.

“En algún momento alguien notó que Germán Garmendia contaba con 21 millones de seguidores, o que Fernanfloo, un youtuber salvadoreño, tenía un gran impacto en redes sociales, y entonces se contempló transformar el contenido que los representa en productos editoriales.”

Como empresas, a las editoriales les interesa generar ingresos, pero al ser también una institución cultural tienen la responsabilidad de constituir un pilar en el desarrollo y la formación de la sociedad, y de cumplir con los compromisos que esto conlleva como actores de cada ámbito.

“Por ejemplo, la poesía no es lo que más se vende en el mundo, pero a veces queremos que un libro de poesía esté en el mercado y que los 500 poetas, estudiantes de este país, lo compren y lo disfruten.”

“La industria genera muchísimo empleo directo e indirecto. Primero el autor, luego el editor, el redactor, el corrector de estilo, el diseñador, el ilustrador, el impresor, el vendedor, el transportista, el del almacén. Todas esas personas que integran la cadena de producción han sido el motor de la transformación de la industria editorial, de su innovación y de su mejores prácticas.”

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