Relatos de transición y crecimiento artístico
Künstlerroman: Vocablo alemán que significa “novela del artista”
Marzo 22, 2018
Relatos de transición y crecimiento artístico

Hace unos meses hablamos sobre el género Bildungsroman (novela de formación) en la literatura. Pero también hay otros textos que no solo prefieren expresar el crecimiento de los jóvenes, sino el de los artistas. La personalidad artística es compleja, fascinante o errática; por eso, diversos novelistas se han interesado por expresar la formación de estos personajes en sus historias.

 

Martin Eden (Jack London, 1909)

Un joven pescador sin educación defiende a un aristócrata en una pelea callejera. Así conoce a Ruth, la mujer de clase alta que lo inspirará a educarse solo y buscar una carrera literaria para mejorar su condición social y casarse con ella. Pero, ¿cómo aprecian los otros su éxito? ¿Proviene de sus letras, de su identidad o de su fama? Escrito durante un viaje marítimo de dos años, Martin Eden es la novela más autobiográfica de Jack London, y expone sus propias frustraciones como un artista exitoso.

 

A este lado del paraíso (F. Scott Fitzgerald, 1920)

Es famoso por el último diálogo del personaje principal: “Me conozco, pero eso es todo”. El libro sigue la juventud de Amory Blain, un joven convencido de su futuro éxito como poeta, y su lucha por subir los estratos sociales para ganarse el corazón de una mujer. Tratando temas como el amor motivado por la avaricia y la vanidad, esta fue la primer novela del autor, quien después escribiría El gran Gatsby. Un dato curioso es que el éxito de la novela le permitió a F. Scott Fitzgerald ganar la mano de su esposa, Zelda.

 

Hijos y amantes (D.H. Lawrence, 1913)

Paul Morel, un artista aspirante en el norte de Inglaterra, debe luchar entre su deseo por independizarse y el fuerte apego (y lástima), que siente por su madre, Gertrude. Esto causa una fuerte fricción entre sus relaciones con otras mujeres y sus intereses por crecer fuera del seno familiar.

El texto refleja la admiración que el propio Lawrence tenía por su madre, a quien veía como una mujer “astuta, irónica, y cuidadosamente formada”, y de los varios resentimientos que guardó contra su padre, un hombre de “temperamento sangriento”, de menor clase social que su esposa.  

 

En busca del tiempo perdido (Marcel Proust, 1913-1927)

Quizá sea el trabajo literario más respetado e importante del siglo XX. Publicada en 7 volúmenes —Por el camino del Swann; A la sombra de las muchachas en flor; El mundo de Guermantes; Sodoma y Gomorra; La prisionera; La fugitiva; y El tiempo recobrado—, la novela expresa las experiencias del narrador mientras crece, aprende sobre el arte, se involucra en la sociedad y se enamora. También es reconocida por su complejidad, pues mucha de su narrativa son minuciosas recolecciones a través de la memoria, completas con detalles minuciosos.

 

Doctor Faustus (Thomas Mann, 1947)

Es la famosa leyenda de Fausto, recreada durante el nacimiento y auge del Nacionalsocialismo en Alemania. En este caso, el artista Adrian Leverkühn renuncia al amor y vende su alma, a cambio de 24 años de genio artístico. Fiel a su fuente, Thomas Mann explora el orgullo, la tentación, la pérdida de la humanidad y el precio del éxito para los individuos; así como las tendencias artísticas de Alemania durante la segunda guerra mundial (cultura aria, nihilismo, etcétera).

 

La agonía y el éxtasis (Irving Stone, 1961)

Basado en la vida del artista Miguel Ángel, la novela expone sus años formativos como pintor y escultor, las complejas relaciones que mantuvo con el Papa Julio Segundo, Leonardo Da Vinci y otros personales del Renacimiento Italiano. Inspirado en la correspondencia del artista, y por sus extensa estadía en italia, el autor recibió diversos galardones por parte del gobierno italiano, gracia a su representación precisa de la historia de Italia.

 

La senda del perdedor (Charles Bukowski, 1981)

Una vez más, el autor norteamericano incluye elementos altamente autobiográficos en esta novela. Bajo el alter-ego de Henry Chinaski, Bukowski narra sus años formativos en la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos). Se siente un proscrito en su propia comunidad y en la escuela, pero encuentra consuelos en el alcohol, y más tarde en las letras. Debora los libros de autores subversivos en su biblioteca local, y pronto empieza a escribir sus propios poemas y relatos, que más tarde lo caracterizarían como “el último de los poetas malditos”.

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