Caso WorldCom
Redacción MPC |
Caso WorldCom

WorldCom fue fundada en 1984 por Bernard Ebber y pronto se convirtió en una de las empresas de telecomunicaciones más grandes de los Estados Unidos de Norteamérica, pues era la segunda proveedora de servicios de información y llamadas telefónicas de larga distancia, llegando a valorarse en 180,000 millones de dólares en 1999.

Sin embargo, durante el primer trimestre del 2002, la Comisión de Mercado de Valores de EE.UU presentó cargos contra WorldCom, acusándole de manipular sus estados financieros con el fin de esconder las pérdidas monetarias; lo que ha representado uno de los mayores fraudes contables en la historia de aquel país.
 

Todo se dio gracias a que Scott Sullivan (director financiero) manipuló, por órdenes de Ebber, las cuentas de gastos corporativos y las hizo pasar por inversiones de largo plazo; es decir que al declarar los gastos como inversiones, los ingresos que se reflejaban eran mucho mayores, no obstante estos debían marcarse como pérdidas. Tales acciones hicieron que los altos precios de las acciones se conservaran. La empresa se vio obligada a declararse en bancarrota, situación que trajo consigo el despido de más de 16,000 personas.  
 

Las consecuencias

En 2005 Bernard Ebber, exdirector ejecutivo de la compañía, fue condenado a 25 años de prisión, luego de que Scott Sullivan declarara en su contra asegurando que Ebber era la mente maestra detrás del fraude y que siempre tuvo conocimiento de los movimientos. La colaboración de Sullivan con la autoridades le ayudaron a conseguir solo 5 años de prisión. Mientras que la compañía auditora Andersen fue acusada de complicidad y sus directivos fueron enjuiciados por omitir el fraude en sus informes y no denunciar.

Las malas prácticas administrativas de la empresa la hicieron ser considerada un referente en corrupción empresarial. Este caso sentó precedente y el gobierno estadounidense creó una legislación estricta, en la que se responsabiliza a los empresarios por las manipulaciones financieras en sus compañías.

 

¿Maquillaje o compromiso?

Actualmente, la responsabilidad social se ha convertido en una visión de negocios que integra el respeto por las personas, la comunidad y la preservación del entorno como parte de la gestión de la empresa. Este es el objetivo que las certificaciones empresariales quieren validar, pero la reciente avalancha en el tema ha generado un debate sobre la verdadera inclusión de estándares de calidad y responsabilidad social en las empresas que adoptan certificaciones; o si solo son medios para mejorar la imagen de sus marcas.

¿Cuál es el problema? La cultura de ‘autocertificación’. El proceso de diversas certificaciones requiere que las mismas empresas llenen los cuestionarios para obtener un reconocimiento específico. Esto se presta a registrar información que no está verificada o que puede ser falsa. Entonces, si el mayor porcentaje de auditorías de certificación son realizadas por la propia organización, no pueden ser confiables.

Claro que la empresa debe revisar todos los puntos críticos de responsabilidad social, capital humano, cumplimiento regulatorio, etc.; pero también necesitan la validación de auditores externos: empleados, clientes, proveedores, organismos de gobierno, la comunidad donde trabajan, entes académicos y organizaciones no gubernamentales.

Este es el objetivo de la Certificación de Empresas en Mejores Prácticas Corporativas, desarrollada por el Centro de Investigación y Desarrollo (CID) del Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas, A.C. (IMMPC). Dicha herramienta realiza una validación transversal de las áreas de negocio, teniendo como eje rector el Gobierno Corporativo. Atiende la necesidad de los empresarios, inversionistas, consejeros y terceros legítimamente interesados en validar el desempeño y la conducción transparente, honesta y responsable en la gestión de la empresa.

 


 

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