Las emisiones de contaminantes de Volkswagen
La omisión de la empresa la llevó a pagar una multa millonaria
Redacción |
Las emisiones de contaminantes de Volkswagen

 

En 2015 se destapó lo que se convertiría en el gran escándalo de la compañía automotriz Alemana Volkswagen. El 22 de septiembre de ese año, la empresa se vio obligada a aceptar el uso de un “software especial” que reducía las emisiones de contaminantes de vehículos diésel, durante los controles técnicos en el laboratorio. Un día después Martin Winterkorn, presidente ejecutivo, renunció.  

A través de su abogado, VW se declaró culpable por la instalación de dicho software en 580 mil vehículos en Estados Unidos, y 11 millones en el resto del mundo. Esto le permitió a la empresa aprobar satisfactoriamente las pruebas de emisiones de gas por un periodo de seis años. Sin embargo, la realidad es otra, pues sin ese software, los automóviles superan hasta 40 veces el límite de contaminación establecido legalmente.

Durante la declaración se explicó cómo se diseñó el software que cambió los controles de emisiones cuando los automóviles eran sometidos a las pruebas, y cómo se apagaba en condiciones de uso normales. Del mismo modo se dio a entender que el presidente ejecutivo sabía lo que los ingenieros hacían, y aún así autorizó que se continuara con la mala práctica. La verdad salió a la luz gracias a un empleado que informó a los reguladores sobre lo que ocurría.

 

Las consecuencias

Este escándalo le ha costado a Volkswagen cerca de 29 mil millones de dólares. Sin embargo el golpe no fue tan duro como esperaban y el daño a su reputación no duró mucho tiempo. Esto lo deja claro el récord de ventas que tuvieron en 2017, con cerca de 10,7 millones de coches vendidos, a nivel mundial.

Estos números son el resultados de las acciones que tomó la empresa después de las múltiples denuncias. La más importante de ellas fue que aceptara su responsabilidad y se declarara culpable en Estados Unidos, lo que la llevó a un acuerdo con los reguladores. También fue importante el recorte de costes que realizaron y la inversión en autos eléctricos. Todo esto pudo haberse evitado si la empresa hubiera estado al tanto de las prácticas de sus directivos.

 

¿Maquillaje o compromiso?

Actualmente, la responsabilidad social se ha convertido en una visión de negocios que integra el respeto por las personas, la comunidad y la preservación del entorno como parte de la gestión de la empresa. Este es el objetivo que las certificaciones empresariales quieren validar, pero la reciente avalancha en el tema ha generado un debate sobre la verdadera inclusión de estándares de calidad y responsabilidad social en las empresas que adoptan certificaciones; o si solo son medios para mejorar la imagen de sus marcas.

¿Cuál es el problema? La cultura de ‘autocertificación’. El proceso de diversas certificaciones requiere que las mismas empresas llenen los cuestionarios para obtener un reconocimiento específico. Esto se presta a registrar información que no está verificada o que puede ser falsa. Entonces, si el mayor porcentaje de auditorías de certificación son realizadas por la propia organización, no pueden ser confiables.

Claro que la empresa debe revisar todos los puntos críticos de responsabilidad social, capital humano, cumplimiento regulatorio, etc.; pero también necesitan la validación de auditores externos: empleados, clientes, proveedores, organismos de gobierno, la comunidad donde trabajan, entes académicos y organizaciones no gubernamentales.

Este es el objetivo de la Certificación de Empresas en Mejores Prácticas Corporativas, desarrollada por el Centro de Investigación y Desarrollo (CID) del Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas, A.C. (IMMPC). Dicha herramienta realiza una validación transversal de las áreas de negocio, teniendo como eje rector el Gobierno Corporativo. Atiende la necesidad de los empresarios, inversionistas, consejeros y terceros legítimamente interesados en validar el desempeño y la conducción transparente, honesta y responsable en la gestión de la empresa.

 

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