Equivocarte es indispensable
¿Por qué nos causa tanto estrés equivocarnos?
Marisol Hermosillo | | Edición: 53
Equivocarte es indispensable

“Las organizaciones 'entrenan' a su personal para evitar el fracaso en lugar de alentar la búsqueda de éxito”

Marisol Hermosillo: Profesional en el área de Factor Humano, apasionada del desarrollo organizacional y del talento humano, la expansión de la conciencia, la innovación y la creación del futuro a través de nuestras acciones y decisiones presentes. Socio fundador de Oliv8, firma que busca impulsar y fortalecer a las empresas y sus líderes, ayudándoles a crear el futuro de su organización.

 

¿Quién no se ha equivocado alguna vez?… Si esa fuera nuestra pregunta en un foro abarrotado en cualquier estadio del mundo, no habría una sola mano sin ser levantada… y sin embargo, ¿por qué nos causa tanto estrés equivocarnos?

Mucho se dice sobre lo errores, que “de ellos se aprende”, que “es de humanos equivocarse” y que “sólo el que no hace nada no se equivoca”, pero no pasan de ser frases elaboradas sin peso ni eco, pues la realidad es que, particularmente en las organizaciones en México, y en general en Latinoamérica, poco se hace al respecto, dada la costumbre de celebrar más el éxito que el fracaso. Y quizá todo esto tiene un origen más profundo: la sobreprotección y el paternalismo con el que somos “educados”... no puedo olvidar una reunión a la que asistí de mujeres norteamericanas con sus hijos, donde yo era la única mexicana invitada. Me sorprendió ver la obvia y abismal diferencia en cómo educaban a sus hijos: los niños disfrutaban la fiesta abiertamente, explorando el espacio y sus capacidades, brincando de un lado a otro, escalando, jugando en resbaladillas, y cuando alguno se golpeaba, que obviamente sucedía, las mamás los animaban y alentaban con alegría a volverlo a hacer y corregir el error con toda naturalidad y sin “espanto” alguno. Al intentarlo los alientan y felicitan efusivamente para que sigan adelante una y otra vez. Esta situación que en algún momento nos hace pensar que a los padres nos corresponde proteger a los hijos y evitarles golpes de la vida, nos hace también evitarles la oportunidad de aprender y levantarse, y peor aún, les enseña a temer a equivocarse y a buscar evitar a toda costa situaciones de riesgo.

Bajo esa lógica, dedicamos más tiempo y energía a ocultar —y justificar— las equivocaciones, que a aprender de las mismas. Sin entender que, al obviarlas, perdemos toda posibilidad de mejorar. Como dijera el poeta bengalí Rabindranath Tagore, “Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera”.

INNOVACIÓN EN MÉXICO

Nuestro país ocupa el lugar No. 56, de 126 evaluados a nivel mundial, según el Índice Global de Innovación.

Existe poca innovación verdadera; la gran mayoría sólo es adaptativa, cuando algo nos “saca de nuestra zona de confort” y tenemos que buscar otras maneras de hacer las cosas.

No existe el hábito de explorar nuevas opciones, pues somos severamente juzgados por los resultados.

Sólo el 8.72 % de las empresas mexicanas reportan la introducción de un producto nuevo o mejorado al mercado, un índice bajo comparado contra el mínimo de la OCDE reportado en un 17.3% o el máximo en un 47.6%.

El gasto total en Innovación en México fue de un 0.4% respecto al volumen total de negocios, comparado con Suiza con un 4.8% respecto al mismo valor.

Solo 3.41% de las empresas en México reportaron inversión en la capacitación para la Investigación y Desarrollo

En México el 2.58% de las empresas registró una o más patentes, comparado contra los Países Bajos con un 5.4% (estándar mínimo de la OCDE), y el 14.5% de Alemania (máximo de la OCDE).

 

Si no hay permiso de explorar, ¿cómo queremos innovar? Mark Twain tenía razón, “Una persona con una nueva idea es una broma… hasta que la idea tiene éxito”.

 

¿Qué puedo hacer hoy para generar una organización que realmente aprenda de los errores? Y por tanto, que comience a dar pasos firmes hacia la creatividad e innovación…

“Concibe la Innovación como la Gestión de Errores”¹ y deja de temerles.

He pertenecido a diversas organizaciones en tamaño y naturaleza, y he estado en contacto con muchas más y, desafortunadamente, el común en todas ha sido que las organizaciones “entrenan” a su personal para evitar el fracaso en lugar de alentar la búsqueda de éxito (con la aceptación de los consecuentes fracasos que esa búsqueda conlleva). No se dan cuenta que, como decía Peter Drucker (¡en 1969!) en su libro “Age of Discontinuity”, hablando sobre los trabajadores del conocimiento: “el principal motivador de éstos son los retos, y que la única persona en la que había que desconfiar era aquella que no cometía errores, porque, o era un mentiroso o se quedaba en lo seguro, en lo ya conocido, en lo trivial”. Esto lo he visto durante años, y desafortunadamente la mayoría de las empresas mexicanas no quieren asumir la “inversión” de la innovación y la mejora, pues lo ven como costo y pérdida y no alcanzan a ver que hay un costo aún más alto al “incentivar”. Esto es algo que en Oliv8, queremos ayudar a transformar. La firma de la que además soy socia, apuesta a la creación y desarrollo del futuro de las empresas; trabajamos fuertemente por impulsar a que las cabezas de las organizaciones amplíen sus horizontes. Gracias a ello, tengo claro que uno de los objetivos que perseguimos es formar, desarrollar y acompañar a los líderes que quieren incentivar equipos orientados a alcanzar el éxito, y no a evitar el fracaso; nuestras experiencias diarias por más de 20 años y nuestros errores abonan a éstas, mis mejores prácticas, que hoy les comparto.

 

 

Entonces, ¿cómo romper con el paradigma?

 

1.   Al digerir los errores como otra vía de aprendizaje.

El acierto y el error son las dos caras del aprendizaje, son las dos formas de generar conocimiento. Quítale la connotación negativa al “error” y entrena a tu equipo de trabajo para que no se avergüence de sus equivocaciones y más aún, las comparta para que todos aprendan de ellas.

 

2.   Al autoevaluarse con honestidad.

Enrique Baliño², comparte 4 actitudes fundamentales que identificó en las personas exitosas: reconocen sus errores, se disculpan ante los afectados, se evalúan ante las circunstancias, y cometen nuevos errores.

 

3.   Al no ocultar las equivocaciones.

Implementar una bitácora pública en la empresa en la que se registren aciertos y errores genera que el conocimiento desarrollado en un área pueda ser “transferido” a otra, pues así avanza éste. Y asegúrate de ser tú, como cabeza de la empresa, el primero en “hacer públicos” sus aprendizajes a través del “error”.

 

4.   Al cometer nuevos errores.

Sólo alentando la acción, sin temor al fracaso, podrás lograr un mejor crecimiento y propiciarás mejores formas de hacer las cosas. Asigna un presupuesto y establece métodos de innovación que ayuden a mantener el gasto controlado y el aprendizaje enfocado, pero ¡no te detengas!

 

5.   Al concebir la innovación como la gestión de errores.

Los errores son el resultado más inmediato que conlleva cualquier proceso de innovación. De ahí la importancia que los líderes en una organización se conviertan en expertos para buscar que las equivocaciones que se vayan a cometer sucedan lo más barato y rápido posible, y sean vistas por todos para su reflexión.

 

Frente a esta realidad hay dos tipos de personas: los que están orientados a evitar el fracaso, y los que están orientados a alcanzar el éxito. Concebir la Innovación como la Gestión de errores, a través de asegurarnos que se cometan errores pequeños, rápidos y baratos, es un paso contundente hacia la creatividad e innovación, cambiando una sóla cosa que nos desafía a “salir de la zona de confort” y nos sitúa en la “zona de aprendizaje y crecimiento”.


¹ Javier Díaz, en su artículo publicado el 25 de marzo, 2014. “La Innovación consiste en gestionar errores”.

²  Enrique Baliño, exPresidente de IBM Latinoamérica Sur, Libro “No más Pálidas”.

 

 

 

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