Identidad y Crisis
Generar Valores después de Coyunturas
César Ayala | | Edición: 54
Identidad y Crisis

“En México apostamos por identificarnos con valores tradicionales, aceptando la libertad de expresar preferencias de vida  y garantizar derechos individuales.”

César Ayala: Director General del Grupo Mejores Prácticas, Economista Consultor en Desarrollo Regional, Movilidad Sustentable en la Ciudad de México. Encabezó proyectos educativos en el sector privado.

 

México ha experimentado, en poco más de dos décadas, una serie de crisis que han puesto a prueba su estabilidad económica y social. Un efecto secundario de estos sucesos fue, naturalmente, el cómo los empresarios y emprendedores concebían el éxito, el crecimiento y la estabilidad posterior a la crisis.

Hablar de la identidad del mexicano y, más aún, de la identidad del empresario mexicano, es abrir la puerta a un cúmulo de imprecisiones. Con la apertura económica, la democracia, la posmodernidad, las redes sociales y las demás transformaciones que se han vivido, el mexicano se ha alejado del Laberinto de la Soledad y se acerca más a lo que Canclini llamó Culturas Híbridas; a la búsqueda de identidad propia a pesar de la permeabilidad, de la influencia ejercida por otras culturas y sus maneras de organizarse y actuar.

Sin embargo, una vez asimilado el impacto de los eventos que marcarían de manera contundente su entorno, el camino que exploraron los empresarios en México fue la adhesión a una nueva dinámica que consistió en mapear el territorio nacional para identificar los espacios en que tuviera cabida su intervención. En esos años, los polos de atracción de invenciones se ubicaron en la frontera Norte. La integración a la modernidad era una de las prioridades; la contención del rezago social era otra. En el norte del país, comenzó a incubarse un tema de adaptación, de intercambio de valor en las cadenas productivas con Estados Unidos que en la actualidad resulta clave para el crecimiento económico y el aprendizaje, en la adaptación a pesar de las crisis y los cambios en el entorno. Se trata de la superación del proceso, percibido en principio como una amenaza en la calidad de los empleos. En respuesta afirmativa se consiguió la especialización en relación a lo comercial, a lo que se produce a uno y otro lado de la frontera, así como la diversificación e internalización de sus propias expectativas de crecimiento.

Este cambio de paradigma implica una nueva trayectoria, así como el aquilatamiento de nuevos valores, que coincidieron con la icónica apertura comercial que implicó el Tratado de Libre Comercio de 1994. La adaptación, la innovación, la apertura y la democratización de la vida social en México, se volvieron no sólo aspectos cruciales, sino también necesarios para asegurar el salto hacia la modernidad.

Poco a poco, la construcción de conceptos como “libertad ciudadana”, “bienestar” y “autoexpresión”, se volvieron parte de la definición de la identidad de los mexicanos, incluso por encima de los indicadores macroeconómicos. ¿Es la adquisición de esta nueva cadena de valores la expresión más sólida de la superación de la crisis económica? Alejandro Moreno, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Michigan y autor de Nuestros Valores: los mexicanos en México y los Estados Unidos al inicio del Siglo XXI, sugiere que trasladar los valores del mexicano al ámbito empresarial, es sólo el comienzo de una nueva manera de emprender, de adaptarse a nuevos mercados y de innovar de manera constante.

La crisis ha reestructurado las prácticas de las organizaciones y de los empresarios, de lo general a lo particular, dada su índole externa que poco a poco fue influenciando la organización de las industrias nacionales, luego de las demandas exteriores que son producto de la globalización. En su mayoría, las estructuras de la dinámica de negocios a nivel nacional, y en muchos casos, al mismo núcleo familiar, han visto la posibilidad de reajustarse a este nuevo paradigma.

Varios estudios han demostrado este cambio paradigmático en los valores de las sociedades. El mexicano de hoy en día ya no piensa solo en sobrevivir a una crisis, en superar la pobreza o en trabajar por trabajar. Producto de la pluralidad, la democratización y la autoexpresión, el mexicano siente mayor libertad de decisión y mayor control sobre su propia vida, sus deseos, objetivos, vida profesional y futuro, encima incluso de las asimilaciones colectivas.

El mexicano promedio se reencontró consigo mismo: es ahora el protagonista central de su propia identidad. La bandera de la modernidad y de la democracia, heredada de los países de Occidente, fueron la respuesta autónoma y natural ante la globalización. Como una forma de autoexpresión, el mexicano además contempla a la autoridad gubernamental más allá del mecanismo de control y coerción, como garante de la libertad de expresión, decisión y manifestación de todos los derechos individuales, especialmente a través de la democratización de la vida social del país.

Después de la inestabilidad de 1994 y 2008, la construcción de la vida democrática en México tuvo como principio una separación entre Estado, ciudadano y sociedad. En el ámbito empresarial, la evidencia de esta separación fue simbolizada por la proclividad a la competencia a través del combate a las prácticas monopólicas, la innovación para adaptarse a los mercados globales y el establecimiento de una filosofía que abonará a la responsabilidad social en toda su cadena de procesos y actividades organizacionales. Conceptos antes relegados a una desatención cultural, como “inclusión”, “integración”, “capacitación” y “competitividad”, son ahora voces comunes en el gremio de empresarios, cuando antes pertenecían únicamente a las organizaciones de la sociedad civil.

 

El cambio de paradigma ante la alternancia

Como resultado de la democracia moderna y la pluralidad, los anteriores grupos de oposición política ahora gobiernan el país, de manera legítima y con mayoría histórica. Los sectores productivos están a la espera, el futuro que les depara es aún incierto, pero lo que sí es definitivo es que han aprendido a adaptarse.

Sectores económicos como la agroindustria o la industria automotriz han girado sus actividades a los sectores más locales, fomentando el desarrollo regional y la diversificación de la cadena de valor para el aceleramiento productivo. Esto es especialmente visible en estados como Aguascalientes, Puebla, Guanajuato, Querétaro, Baja California Norte y Coahuila.

Este crecimiento es en parte producto de los grandes esfuerzos de las instituciones financieras de desarrollo, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para promover, a principios de la década del año 2000, la integración de las cadenas de sectores productivos intensivos en mano de obra de los países de Centroamérica y ligarlos al comercio exterior exitoso que México tiene con Norteamérica. La intención fue integrarlos a la ruta de la modernidad a través de mecanismos de cooperación, bajo el principio de que el desarrollo de las empresas promoviera escenarios reales de permanencia a la demanda laboral, como un beneficio de largo plazo y acorde a los principios de la Agenda de Desarrollo de la ONU con miras al 2020.

DATOS DESTACADOS

     ►   Actualmente 7 de cada 10 productos que exporta México tienen como destino Estados Unidos.

     ►   2 de cada 5 productos automotrices que exporta México a otros países del mundo, tienen como destino final Estados Unidos.

     ►   5 de cada 10 dólares de inversión extranjera directa que recibe México proviene de Estados Unidos.

     ►   6 Millones de empleos en EEUU dependen del comercio con México.

 

Si bien los focos de desarrollo regional eran el Norte y el Bajío, la nueva administración ha puesto la mirado en la región Sur, no solo por su rezago, sino también por temas sociales que revelan los problemas de la desigualdad, al grado de magnificar la migración. Recientemente, se ha puesto en la mesa de debate si la integración al T-MEC (Tratado México, Estados Unidos y Canadá) viene acompañada de propuestas alternativas en la negociación sobre el papel de México frente a la generación de oportunidades temporales dirigidas a mejorar las expectativas de vida en los países de origen de migrantes centroamericanos.

Coincidentemente, se anunció la inclusión de una zona de resguardo para los migrantes que se dirigen hacia Estados Unidos. Una situación como el éxodo de migrantes a nuestro vecino del Norte ha abierto nuevas interrogantes: ¿nos encontramos frente a un cambio en la asimilación de este nuevo escenario, o estamos restringiendo los caminos para el entendimiento en los procesos de integración?

Llama también la atención que los programas de desarrollo más importantes del nuevo sexenio estén enfocados en el Sur-Sureste de México, evidenciando una particular intención de redistribuir los diversos proyectos por esa parte del territorio nacional, cuando originalmente las expectativas estaban orientadas al desarrollo aeroportuario en el Centro y manufacturero en el Norte, por la cercanía con el principal socio comercial de México.

¿Qué objetivo tiene organizar el flujo de inversión hacia el Sur? ¿Qué parte de la expresión de valores estamos atendiendo a 25 años del TLC / T-Mec? Los diversos sectores se encuentran aún indecisos sobre el éxito del T-MEC, que se percibe con buenas dosis de second best (“peor es nada”) y mucho de su temor está enfocado en la costumbre de una validación de sectores productivos que mantuvieron su crecimiento durante el ciclo más exitoso en el periodo del TLCAN.

El estudio de Alejandro Moreno muestra que los mexicanos seguiremos la ruta de la autoexpresión; sin embargo, el momento de crisis está cimbrando nuevamente nuestra valoración del crecimiento y de la autosuficiencia, tanto a nivel individual como en el núcleo de las grandes empresas. La democracia, además, comienza a agregar nuevas dudas sobre la ruta de los valores que los mexicanos estamos dispuestos a adoptar frente a la siguiente vuelta de tuerca de la modernidad y la globalización.

Quizá una buena apuesta sea que la autoexpresión encuentre en la diversidad una opción versátil, autogestionable y sin fronteras, que contraste la orientación actual del sector manufacturero en México. El T-MEC es una apuesta a los principios básicos de la competitividad. ¿Voltearemos a ver al mercado laboral como el activo más importante en los próximos años? Este es el dilema de las definiciones, de las sociedades y sus procesos de adaptación, de las empresas y de los hacedores de pol&ia