¡No salgas corriendo!
La zona de confort, vista como un vehículo de tránsito, es necesaria para crecer y recalibrar objetivos.
Vanessa Rivas | | Edición: 53
¡No salgas corriendo!

“Romper el tabú del fracaso y de la prisa sin sentido ayuda a enfrentar el cambio asumiendo las fallas como aprendizaje”.

Vanessa Rivas: Ejecutiva de Comunicación Corporativa, Responsabilidad Social y Change Management con más de 15 años de experiencia en estrategias con impacto directo al negocio en empresas globales (de consumo, consultoría, seguros y retail), desempeñando roles en México, Latinoamérica y a nivel internacional.

 

Despiertas un lunes, como cualquier otro, y mientras tomas tu taza de café te descubres andando con tranquilidad. Vas con la agenda a ritmo y sintiendo cierta quietud porque te mueves en un entorno que dominas: las cosas te resultan conocidas y cómodas. Tus hábitos, tus rutinas, tus conocimientos, tus comportamientos están en lo que varios llaman “zona de confort”.

Eso ante la mirada juiciosa de una sociedad imparable y ansiosa, no está bien. Hemos estigmatizado la zona de confort a tal grado, que todo el mundo pide a gritos que salgas de ella prácticamente en segundos, a trote pronto y sin pensarlo demasiado, haciéndote sentir, incluso, señalado y un poco culpable.

Sin embargo, la zona de confort tiene excelentes beneficios si se toma como vehículo de tránsito y si se aprovecha. Es el momento ideal para “tomar aire”, para mostrarle al mundo tu dominio y maestría en la cima que has alcanzado, para darle paso al pensamiento estratégico y replantear escenarios.Contrario a lo que muchos piensan, es un buen momento para pensar “fuera de la caja” y romper paradigmas.

Henry Mintzberg, líder en el campo de la gestión estratégica y teoría empresarial, considera que el pensamiento estratégico se trata de un proceso reflexivo que requiere tiempo para determinar adecuadamente la intención y el perfil sólido de lo que en verdad la organización o sus talentos quieren llegar a ser.

Mintzberg asegura que la dinámica operativa empresarial muchas veces impide el pensamiento estratégico de las personas que la componen, restando espacio al planteamiento de escenarios, a la creatividad y la innovación.

Es cierto que el estrés y la crisis, potencialmente nos empujan más rápido al cambio, pero también sabemos que someterse a esto durante un tiempo prolongado no genera aprendizaje; por el contrario, fatiga, desmotiva y agobia. Equipos que se sienten agotados emocionalmente tienen baja productividad y terminan valorándose negativamente porque sienten que están en bajo desempeño. Si acompañamos activamente nuestro tiempo en la “zona de confort”, las ventajas resultarán evidentes; tanto, que incluso puedes prepararte para salir de ella en el momento perfecto.

Especializarse en un tema o habilidad nueva que se necesite adquirir para su siguiente reto profesional; si eres emprendedor, entender nuevas dinámicas de posicionamiento, agudizar el dominio de un idioma o aprender uno nuevo, crear relaciones con actores clave de los entornos que quieres recorrer, son sólo algunas ideas de cómo estar activos en la zona de confort.

Tomar conciencia de este momento te permite recargar energía, salir del agotamiento para tomar mayor impulso e incluso, disfrutar de los desafíos superados y los logros conseguidos. La clave se encuentra en encontrar el equilibrio entre la zona de confort y la próxima aventura.

 

¡Tomar tiempo para enfrentar futuros cambios es crucial!

En la vorágine del cambio y la “prisa” empresarial, también están presentes los estigmas del fracaso y una gran necesidad de evitarlo.

Buscamos evadir el miedo y tomar riesgos para mantenernos, mejor, en constante y conocida carrera (a veces sin saber, bien a bien, hacia dónde), que transformar o cambiar hacia nuevos modelos. Queremos evitar fallar. Evitamos lo que no conocemos.

Creemos que fracasar nos etiqueta como los “perdedores” de la carrera. Impacta nuestro ego como empresas y como profesionales, y pensamos que no hay más camino que seguir, porque se ha caído lo que habíamos orquestado.

En realidad, las empresas que alcanzan grandes éxitos y trayectorias, sortearon complejos escenarios y cosecharon múltiples fracasos antes de conseguir la cima. Los grandes emprendedores lo saben muy bien.

El fracaso significa también conocimiento cuando pausamos y entendemos lo que ha sucedido, luego corregimos los errores. Sin fallas, continuaríamos ciegos ante nuestros potenciales riesgos o ineficiencias.

Como personas y como empresas nos cuesta parar, detenernos, ajustarnos y cambiar. Nos es difícil advertir que tropezar y volver a levantarse es la diferencia entre alguien que triunfa y otro que simplemente se mantiene sobrellevando el camino.

Al final, todo esto se trata de tomarse “tiempo” para enfrentar los cambios, subir a las mejores olas, aprender, ajustar y disfrutar hasta conseguir el éxito.

 

Cinco acciones para aprovechar la zona de confort:

1.        Descansar y recargar energía

2.        Establecer cuánto tiempo es el que decides permanecer en esta zona de confort. Un año sabático puede ser un buen marco para una zona de confort saludable.

3.        Establece nuevos objetivos para la siguiente fase y prepárate o actualízate en las habilidades que requieras.

4.        Disfruta del momento y de tu dominio. El reconocimiento te vendrá bien.

5.        Planea tu salida y súbete de nuevo a la ola de ese nuevo reto que tanto planeaste.

 

Tags

empresas consultoría

Articulos Relacionados