Apuestan por la economía de la dona
Propuesta por la economista Kate Raworth, nacida en Londres en 1970, la llamada “Economía de la dona” busca convertirse en un referente para el cambio de paradigma financiero de cara al mediano y largo plazo.
Ignacio Torres |
Apuestan por la economía de la dona

Ciudades ricas, como Ámsterdam y Bruselas, ya han abrazado el nuevo modelo que ofrece una versión distinta de lo que debería significar prosperar en el nuevo milenio. La idea central de Raworth es simple:

El objetivo de la actividad económica debe ser satisfacer las necesidades de todos, sí, pero sin descuidar el equilibrio de los recursos planetarios, con lo que se mantiene una verdadera visión a largo plazo. 

Lo anterior resuena ante el panorama capitalista actual, que tan fehacientemente ha mostrado tanto su fragilidad operativa como su sostenibilidad a futuro.

El nombre de la teoría se debe a la forma de su esquema base: dos anillos concéntricos que terminan convertidos en una dona y albergan a los elementos que están en juego. Una base social que garantice las necesidades básicas, y un techo ecológico que cuide la capacidad de producción de los recursos terrestres.

Entre ambos elementos queda el, digamos, cuerpo de la dona, que representa el espacio ecológicamente seguro y socialmente justo, para la prosperidad de la humanidad en su conjunto.

Una descripción más detallada configura así la propuesta de Raworth:

En el centro de la dona se ubican todas las necesidades actuales de la base social, tales como vivienda, igualdad de género, equidad, participación política, paz y justicia, renta y trabajo, educación, salud, alimentación, acceso al agua, energía, redes y vivienda.

En el espacio exterior que rodea a la dona se ubica el techo ecológico, es decir, todos los elementos que tienen injerencia en lo que el planeta puede producir y, por lo tanto, lo que la humanidad puede explotar y aprovechar. Ahí se ubican el cambio climático, la acidificación de los océanos, contaminación química, extracción de agua dulce, conversión de tierras, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica y reducción de la capa de ozono, entre otros.

Sobre el cuerpo de la dona, como ya se dijo, está el espacio seguro y justo para que la humanidad viva en un esquema económico regenerativo y distributivo. 

Para Raworth y el grupo de economistas de varios países que se han comprometido con sus ideas, la narrativa económica va mucho más allá de la dicotomía mercado-Estado, al proponer que se puede generar valor desde otros agentes, como la economía doméstica o la que se crea a nivel comunitario. 

Al replantear nuevos caminos y actores importantes para las finanzas, la economía de la dona busca terminar con la acaparación de la riqueza que aún se mantiene en el mismo esquema: el 50 por ciento de la riqueza global está en manos del 1 por ciento de la población.

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