Manos a la luz
La iluminación y su simbolismo son el motor de altruismo para Teresa González García y Benjamín Córdova, fundadores de la asociación civil, Litro de Luz México.
Agusto 29, 2018
Manos a la luz

Kilómetros adentro, en lo más alto de la Sierra Madre Occidental, en zonas aisladas de la selva tropical de Quintana Roo, o en asentamientos irregulares del Estado de México, Litro de Luz ha cumplido su cometido: iluminar de manera sustentable las comunidades que carecen de tecnología. El capítulo mexicano de este proyecto mundial sin fines de lucro lo lideran Teresa González García y Benjamín Córdova, quienes están conscientes que la lámpara que hacen de botellas de plástico y paneles solares, ilumina en distintos aspectos a una comunidad.

“Nuestra intención no es solo que se instale una lámpara y ya, sino que se dé una iluminación integral, una reingeniería social donde además de luz en casas, caminos y escuelas podamos propiciar una iluminación en la vida de las personas para prevenir problemas, adicciones y violencia”, contó Tere González, sobre esta iniciativa que involucra también a la Fundación Qohélet, con la que se incubó en 2013 el proyecto Litro de Luz.

Al igual que el creador de este movimiento global, el filipino Illac Diaz, Teresa y Benjamín son personas creativas que aspiraban a una carrera en las artes, pero su vocación los llevó a emprender dentro de la iniciativa altruista. Hoy, son el rostro de un movimiento que se rige bajo el open source y pone en manos locales el conocimiento que mueve a Litro de Luz hacia los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que los Estados Miembros de la ONU aprobaron para 2030, con el fin de erradicar la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático.

Las lámparas que fabrican tienen el objetivo de reducir el impacto del millón de botellas plásticas por minuto que se desechan en el mundo, ofrece 55 watts de luz diurna con una vida promedio de 5 años y se ha llevado a más de 20 países, además es un modelo que se ha presentado en foros internacionales celebrados en Emiratos, Taiwán y Nueva York.

La A.C. mexicana se conforma por seis personas que incluyen a un ingeniero especialista en desarrollo de tecnologías, un técnico especializado en aplicación y diseño de modelos de iluminación, una RP que vincula a la fundación con proveedores y una más abocada a las relaciones corporativas.

 

“Poder responder a retos locales al tiempo que se aporta al desarrollo global es una práctica de la que nadie puede salvarse hoy en día”.

Tere González García

 

 

PRÁCTICAS ALTRUISTAS

 

¿Cuáles son las alianzas que refuerzan los objetivos de Litro de Luz?

Teresa: Hay alianzas naturales como Pepsico que nos apoya con las botellas en todos los capítulos de Litro de Luz, pero además se ha ido a otros rubros como The Young Americas Business Trust (YABT) que nos ha abierto a su vez más posibilidades en otros lugares. Con la OEA trabajamos de la mano en distintas competencias, también con el Banco Mundial, y hemos llegado a la Organización de las Naciones Unidas a través del Foro de Jóvenes Líderes para los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030.

 

¿Cuáles son los retos de crear un modelo de negocio que parte del altruismo?

Teresa: Pensarlo como un modelo híbrido, como un modelo no lucrativo, pero al mismo tiempo no hacer solo caridad, sino organizar talleres y actividades que nos den los recursos para hacer investigación y perfeccionar las lámparas de acuerdo a las necesidades de las comunidades y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este aspecto, el rol del sector privado está cambiando, ya no solo apoya con donativos, sino que se está transformando en actor de este proceso, y esto implica un modelo de negociación distinto.

 

¿Qué es lo que más los ha marcado hasta ahora en Litro de Luz?

Benjamín: Nos hemos dado cuenta que la falta de acceso a una fuente de luz se encontraba muchas veces en el mismo lugar donde había violencia hacia la mujer o crímenes de algún tipo. Hay necesidades reales más allá de la luz y nuestro acercamiento con Litro de Luz y Qohélet pretende ayudar en este aspecto. Por ejemplo, hemos implementado en República Dominicana y Honduras talleres de seguridad para que las mujeres se protejan entre ellas y tengan espacios seguros. Y así hemos hecho otras actividades en comunidades de Puerto Rico, Guatemala y Perú.

Hemos aprendido que la iluminación va más allá de lo material y esto nos ha ayudado a entender más la realidad de Latinoamérica que cuando iniciamos el proyecto. La clave es pensar las prácticas de Litro de Luz como un modelo de empoderamiento más que un proyecto de luz sostenible.

 

¿Cuáles han sido los riesgos que han tomado para lograr sus objetivos?

Benjamín: Son varios los riesgos, está el de carrera, el físico y el económico. Hemos tenido que poner de nuestro dinero para hacer lo que queremos e incluso hemos recibido amenazas de muerte o de robo, por querer empoderar a una comunidad. Pero al final, tantos riesgos que hemos corrido nos ha quitado el miedo de cumplir nuestros objetivos, porque sabemos que no estamos solos.

 

¿Hacia dónde se vislumbra Litro de Luz?

Teresa: Hacia la transformación. Litro de luz pretende evolucionar más allá del año 2030. Las comunidades siempre serán nuestro principal foco de reto, por lo que tendremos que adaptarnos a sus necesidades. Nos vemos haciendo mayor investigación, mejores lámparas y con mejores alianzas que nos permitan llegar a muchos más lugares.

 


 

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