El ‘mairo’ Rogelio Padilla, fundador y director de MAMA, A.C.
- Desde su fundación, MAMA, A.C. ha asistido a más de 5,000 niños. - Actualmente cuenta con 480 beneficiarios y 235 estudiantes. - Su trabajo ha sido reconocido por instituciones como el Instituto Nacional de Desarrollo Social, el Congreso del Estado de Jalisco y UNICEF.
Esteban Muñoz Aguilar. Dirección Editorial |
El ‘mairo’ Rogelio Padilla, fundador y director de MAMA, A.C.

 

 

Hasta la imagen del ‘mairo’ Rogelio Padilla Díaz es difícil de olvidar. Primero pensé en un profeta bíblico, con la barba y el cabello largos (aunque muy bien cuidados), vestido con el atuendo más sencillo: huaraches marrones, pantalones, camisa y chaqueta de tela blanca; y en su mano izquierda porta un anillo grabado con un simple crucifijo.

La segunda comparación fue con Don Quijote, pero esa proviene más de su personalidad. Habla lentamente, pero con gran convicción y meditación. Tanto la voz como sus ojos y los movimientos de sus manos reflejan sus 30 años de lucha contra el sufrimiento, la violencia, la explotación y las agresiones contra los niños marginados.

Esta es la visión más fascinante, pues muchos dirían que la dedicación del mairo y de Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A.C.) es una empresa quijotesca, que está destinada al fracaso. Sin embargo, él nunca ha perdido el entusiasmo, la esperanza ni el compromiso con su labor: brindar atención integral a los menores en situación de calle, a través de programas de apoyo en alimentación, salud, educación, vivienda, capacitación y formación.

 

 

¿Cómo mantienes la esperanza en tu trabajo, a pesar de las adversidades?

 

Porque precisamente, esa fuerza que tiene MAMA, A.C., esa voluntad terca se nutre de lo que aprendemos cada día, en nuestro encuentro con los jóvenes en la calle. Es es lo que nos da esperanza, nos nutre y nos levanta cada día para continuar la jornada, porque todos los días tenemos gozo y dolor. ¿En qué buena familia no hay gozo ni dolor todos los días, con sus hijos? Aquí es igual, nuestra misión es gozosa y dolorosa, porque no todo es perfecto ni maravilloso. Pero no podemos irnos de la calle, ni tampoco rendirnos, porque en las miradas de los jóvenes se asoma la esperanza que han descubierto con nosotros. Se asoma su alegría.

 

 

¿Por qué consideras que la sociedad se muestra desinteresada o ‘voltea la mirada’ ante la situación de los niños en la calle?

 

Los gobiernos tienden a minimizar el problema, a no reconocerlo. El papel de las Organizaciones No Gubernamentales es colocar el tema en su agenda, y también presentarlo la comunidad, porque no siempre existe. Es muy importante que la sociedad no se quede en la neutralidad y la ceguera; tiene que informarse y participar, aunque muchas veces no es así.

En el fenómeno de los niños en la calle que MAMA ha colocado en la sociedad, podemos hablar de tres sectores: el violento, porque el fenómeno genera violencia en algunos seres humanos —por ejemplo, vas en la comodidad de tu auto, donde no quieres ver niños o migrantes, y lo reflejas con el rechazo, violentamente—; el indiferente, donde no los ves ni los oyes (que también es una forma de violencia); y el solidario, que interactúa con ellos y actúa, aunque sea con palabras.

Una moneda puede hacer la diferencia para muchos seres humanos. Sí, algunos la usarán para comprar alcohol o droga, pero no podemos generalizar, y eso no debe detenernos para actuar. Hay que hacer el bien sin mirar a quién. Entonces, las organizaciones como MAMA, A.C. tenemos que sensibilizar quijotescamente, tratando de incentivar las acciones de la sociedad.

 

 

Puertas abiertas

Nuestra MAMA es la organización pionera en México en la atención de lo que UNICEF llamó “los niños en la calle”. Los niños de la calle son los fugitivos o expulsados del hogar, que se tiraban al asfalto para vivir de tiempo completo; y los niños en la calle son los que todavía tienen familia y salen de los barrios para realizar una actividad económica informal.

Lamentablemente, la misión que escribimos y practicamos el siglo pasado todavía es vigente: “defender, proteger, mejorar, cambiar y salvar (en muchos casos) la vida de niños y niñas en situación de pobreza y calle”. Los liberamos de las broncas de la calle: robo, drogas, prostitución, mendicidad, violencia, enfermedades, desesperanza: no soy, no, no, no, no, no; no valgo. “¿La felicidad, mairo? Eso es una cosa de ricos. Lo nuestro es sufrir”. Tenemos que quitarles esa idea falsa.

Nosotros sabemos que debemos ayudar a los seres humanos en su condición, como están. Nuestra MAMA los abraza, los levanta y genera un proceso educativo, liberador, de mediano y largo plazo.

 

“Ese mundo de niños, de adolescentes y de jóvenes tiene derecho a tener mairos y mairas con un programa de educación no formal que los levanten y los lleven a un mejor lado de la realidad”.

 

¿Cómo se puede combatir el paradigma de que la responsabilidad social solo debe hacerse para conseguir medallas, y empezar a verla como una obligación personal?

 

Una de las cosas buenas que las empresas globales trajeron a México es la cultura del la Responsabilidad Social Empresarial. Qué bueno que los negocios mexicanos adopten esa práctica, pero todavía tenemos que hacer mucho más para descubrir las nuevas prácticas de las empresas socialmente responsables (ESR), y de los seres humanos chidos que tienen una conciencia que va más allá de los galardones.

Primero, las organizaciones tienen que someterse a una observación externa para ser reconocidas como ESR. Es válido que den ese paso, pero después tienen que practicarlo. El buen juez, por su casa empieza; entonces, ¿qué cambios implementan en el interior del negocio? Las corporaciones multinacionales que trajeron la responsabilidad social empiezan con mejoras internas para mejorar la vida de sus empleados; y después pueden realizar acciones que beneficien a la comunidad. El gran desafío es hacer prácticas chidas, auténticas y solidarias.

 

 

¿Cómo podemos cruzar de la violencia y la indiferencia hacia la solidaridad?

 

Primero, haciendo campañas. Por ejemplo, las personas pueden empezar practicando un valor en su vida diaria, y eso los llevará a realizar otras prácticas chidas. Practiquen su religión, que la palabra de Dios se haga vida, para que la vida cambie y sea mejor. No hay que quedarse en la contemplación, Dios pide que vayamos a la acción. Las oraciones no son suficientes, hay que realizar la filosofía que cada uno profesa, colocando el amor al prójimo en el centro. Hay que abrazarlo, no dejarlo ni abandonarlo.

En segundo lugar, hay que informarnos. Cada año, MAMA, A.C. reparte 10,000 ejemplares del periódico MAMA Informa —incluye artículos, fotografías y reportajes—, para rendir cuentas y que la sociedad vea lo que hacemos. La invitación del periódico es que actúen. No hay ayuda pequeña; toda ayuda, ayuda.

Ahora tenemos que aprender a llegarle a las nuevas generaciones. La capacidad de los padres por ayudar no ha disminuido, pero ¿cómo tocamos el corazón de los más jóvenes? Redes sociales, comunicación digital, etc. Hay que aprender. Por ejemplo, pueden donar a MAMA el equivalente a una cerveza; así se toman una chela menos y actuaron. También les hago la invitación a los fumadores para que donen una cajetilla semanal.

Entonces, tenemos que informar, sensibilizar, saber convocar y mover a la comunidad para que despierte, pero el gran desafío es llegar a las nuevas generaciones. Yo siempre he creído que la gente joven puede hacer la diferencia en muchas cosas, en muchos temas.

 

 

¿Qué herramientas le ofrece MAMA, A.C. a los niños para evitar caer en situaciones de explotación o violencia?

 

Lo importante para esos seres humanos es contar con mairos y mairas que los guíen. El ‘mairo’ es un maestro que sí enseña, pero que también es chido, honesto, confiable, amistoso y solidario. Entonces, lo primero es ofrecer a ese individuo para iniciar las lecciones de MAMA, A.C. y recibir, abrazar y transformar a otros.

Los colegios más afortunados cuentan con psicólogos y departamentos psicopedagógicos para atender a sus niños. Eso no existe en el mundo de la pobreza. Por eso, nosotros tenemos que ayudar a los jóvenes de escuelas enclavadas en colonias pobres, miembros de familias tóxicas. Además de enseñanza, necesitamos ofrecerles programas de educación no formal para atender a los chavos con la figura de los mairos.

En una oportunidad, llevamos mairos a 10 barrios de Tlajomulco y arrancamos el programa “Compas, Educación para la Paz”, para promover la no-violencia y la paz con recursos del Ayuntamiento. Pueden llegar con esa oferta a las escuelas secundarias. MAMA puede ofrecer ese programa, y lo primero que podemos hacer es brindar asesoría para implementarlo. ¿Cómo pueden juzgar a los niños en la calle si nunca los han visitado ni han hecho nada por ellos? ¿Dónde viven? En la calle. ¿Dónde trabajan? En la calle. Ahí es a donde tenemos que ir para ayudarles.

No somos jueces ni policías, somos mairos y mairas que empiezan a sacarlos y atenderlos con derecho a la educación restituido, salud y alimentación. Ese mundo de niños, de adolescentes y de jóvenes tiene derecho a tener mairos y mairas con un programa de educación no formal que los levanten y los lleven a un mejor lado de la realidad. Ese es el desafío de todos los días.

 

 

¿Qué necesita el maestro para asumir esa responsabilidad? ¿Cómo se forman los mairos?

 

Si quieren un trabajo cómodo, bien remunerado, de horarios fijos y tranquilo, MAMA, A.C. no es el lugar adecuado. Si quieren participar en una misión —estar, dar, dar y dar—, MAMA es el mejor lugar. Quizá no tengan experiencia, pero sí tienen la sinceridad y la vocación de servicio para decir: “Sí quiero caminar con esta MAMA y con su misión”.

El título de mario no se gana por títulos académicos, sino a través de la práctica, en la cotidianeidad de todos los días. Eso es lo que le sirve a estos seres humanos: tener a alguien en quién confiar. Entonces, hay que consolidar esta herramienta que se llama MAMA, A.C. para salvar la esperanza de seres humanos que no van a encontrar otra puerta abierta.

 

 

Rogelio Padilla Díaz

Es licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA). Inició su labor en la promoción y defensa de los derechos de niños y niñas en 1984, como jefe del Departamento de Educadores del programa Menores en Situación Extraordinaria del DIF Jalisco. Posteriormente fungió como fundador y director del Centro de Atención para Niños de la Calle (CANICA, A.C.); y en 1988 fundó Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados, A.C.

 

 

Fotos por Fernando Adame R.

Articulos Relacionados