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La era digital ha provocado una transformación social y ha hecho de la atención una nueva economía que se perfila como una de las más prominentes en las nuevas dinámicas de negocio.
Ana Cecilia Valenzuela |
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Podemos establecer que el tiempo es dinero al considerar que el valor de una persona es proporcional a su desempeño. No obstante, el ocio también se ha convertido en un espacio de ganancia tras el empoderamiento del Internet y las redes sociales.

 

Teorías económicas establecen que el comportamiento del ser humano siempre será racional y enfocado en obtener beneficios por sus actos. En este sentido, se vuelve lógico que los individuos busquen capitalizar sus características y habilidades.

 

En la era de la hipercomunicación, el coste de la información ha tomado un nuevo rumbo gracias a la inmediatez y los múltiples recursos implementados para dar a conocer un hecho. Frente a ello, la lucha de quienes se dedican a ofrecer información está centrada en atraer el interés de la audiencia con el objetivo de generar utilidades de manera rentable. El desarrollo de este tema fue tomado durante la década de 1990 por diversos expertos, como Jonathan Beller, Michael Goldhaber y Georg Franck.

 

Este último, economista y filósofo alemán, señala que la diferencia entre atención y dinero es un valor corolario de la identidad: la atención no se puede acumular de la misma manera que el dinero, pero puede ser calculada a través de la estima.

 

Si la economía es el medio y razón por la cual una sociedad comercia e intercambia recursos físicos —escasos o abundantes—, mercantilizar el interés de las personas llega a ser cuantificable mas no acumulable.

 

En comparación con otras décadas, hoy el acceso a la información es inmediato y propicia un campo de batalla en la Red, donde los usuarios son bombardeados con noticias, actualizaciones de estados, promociones, juegos y demás tipos de entretenimiento, en busca de acaparar cualquier tipo de reacción humana. 

 

En la economía de la atención, de acuerdo a Michael H. Goldhaber (1997), el interés no es solo un recurso sino una moneda: los usuarios pagan por un servicio con ello. Y esta atención siempre será una facultad psíquica y social, según lo analizado por el filósofo francés Bernard Stiegler.

 

En este intercambio, el Dr. Robert Cialdini señala, en su libro Influence: The Psychology of Persuasion, a la reciprocidad como la acción derivada de las teorías de facultades y recursos sobre la atención: si alguien hace algo por el otro, naturalmente habrá una respuesta positiva de regreso.

 

Esto también se conoce como “Psicología de Influencia”, la cual determina la reciprocidad como un acto inconsciente de sentido de pertenencia, dado que hay mayor seguridad de decisión si se concibe una noción de unanimidad o aceptación social. Tomar una decisión productiva requiere una investigación exhaustiva y conocimiento de cada aspecto, algo que se acorta cuando viene validada por un experto o alguien de confianza.

 

DATO. Evocar emociones fuertes puede aumentar la probabilidad de que algo se comparta, según un informe de Psychological Science. Entre más emocional sea un contenido, mayor afectará a una audiencia.

 

 

Una gran obsesión 

La atención queda en aquello que brinca entre un cúmulo de cosas. Estas son clasificadas para ser desechadas o conservadas de manera semiconsciente, donde incluso sus repeticiones llegan a seducirnos.

 

Un buen lugar para empezar a estudiar el ritmo de la atención colectiva es en Twitter; la red social que enfoca todas las protestas. Este sigue siendo un lugar para descubrir los temas actuales de interés gracias a los hashtags y Trending Topics. Otro lugar es Google, solo basta con buscar una palabra y aparecerán las noticias más relevantes.

 

Debido a esto, las redes sociales han generado una dependencia y obsesión en sus usuarios, al desarrollar una necesidad por no perderse lo que pasa en el mundo digital (FOMO) y esta adicción contribuye a problemas de salud mental como ansiedad, depresión, insomnio y autoestima. 

 

Una investigación publicada por la revista Psychology of Popular Media Culture ha revelado detalles aterradores sobre cómo el uso de Instagram puede afectar la salud mental. En comparación a otras redes sociales como Facebook, Twitter o YouTube, Instagram parece ser más exigente con los cerebros de los usuarios, especialmente cuando llegan al punto de comparación con los demás mientras usan la plataforma. El estudio también reveló que cuánto más tiempo las personas pasaban en Instagram, más ansiosas y deprimidas se sentían. 

 

La autora de esta investigación, Danielle Leigh Wagstaff, asegura que las personas se comparan naturalmente con los demás, pues ayuda a determinar cuál es la posición del individuo en cuestión de atracción, inteligencia y éxito. 

 

Aunque aún se desconocen los efectos a largo plazo que generarán las redes sociales en la mente humana, Facebook e Instagram ya se sumaron a esta problemática al lanzar un programa que proporciona a los usuarios estadísticas sobre cuánto tiempo dedican a estas plataformas y así generar conciencia sobre su uso.

 

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