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Alimentos de la Ciudad

POR HAFIZ VENEGAS


Garantizar la seguridad alimentaria se ha vuelto una de las grandes prioridades —y desafíos— para las ciudades, principalmente en América del Sur, África y algunas regiones de Asia, de acuerdo a un informe presentado en 2017 en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ante la demanda de consumo por el crecimiento acelerado de la población.





Es ahí donde la agricultura urbana resulta cada vez más una alternativa viable para la provisión de la canasta básica en los hogares, a través de la creación de huertos individuales y/o comunitarios. De acuerdo con la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) esta práctica se define como el cultivo de plantas en el interior y alrededores de las orbes.


Tanto la agricultura urbana como la periurbana proporcionan productos alimentarios de distintos tipos de cultivos, como granos, raíces, hortalizas, hongos y frutas. Los huertos urbanos ofrecen, además de una dieta saludable y a mejor precio, alimentos frescos durante todo el año y la posibilidad de mejorar los ingresos, ahorrando del 10 al 30% del gasto en alimentos.


En México, la producción de alimentos por medio de huertos urbanos sirve principalmente para el autoconsumo, garantizando el abastecimiento básico de alimentos para las propias familias, combatiendo la inseguridad alimentaria. Estados como Jalisco, Hidalgo, Guanajuato, Tlaxcala, Chihuahua, Guerrero y Sinaloa llevan la delantera en esta práctica al ser los más educados en el autoconsumo de maíz y frijol.


La agricultura urbana, a nivel global, no sólo se ha popularizado en la esfera privada, también en la pública; pequeñas y medianas empresas recurren a este modelo ambiental basado en el desarrollo rural para comercializar alimentos con una propuesta de valor artesanal, al ser producidos bajo un esquema de "consumo local".


Bajo esta perspectiva, la producción de alimentos dentro de la ciudad puede ser vista como una fuente de trabajo estable y de calidad, cubriendo otro de los grandes problemas que enfrentan hoy en día los gobiernos locales, las ciudades y la sociedad.


Ya mencionados los huertos urbanos familiares y los huertos urbanos para la comercialización, existe otra manera de llevar a la práctica esta actividad: huertos urbanos comunitarios. Funcionan bajo los mismos principios sólo que suelen realizarse en espacios públicos: parques, azoteas de edificios, escuelas, etc. Se vuelven puntos de interacción social y afianzan un sentido de comunidad.


Este tipo de medidas se complementan con el reciclaje de residuos orgánicos, estrategias de recuperación de espacios públicos, tratamiento de aguas residuales, implementación de las nuevas agrotecnologías, entre otras actividades, que ayudan a incrementar el nivel de resiliencia de una ciudad frente a problemas como el cambio climático y sus diversos efectos.

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