Estigmas del outsourcing

P0R ANA CECILIA VALENZUELA


Tercerizar el reclutamiento, la contratación y las tareas operativas y de soporte ha sido un tema de diálogo y debate desde hace más de 40 años, cuando el outsourcing llegó a México.



El tema divide opiniones y muchas veces se estigmatiza la práctica por la maña con la que se ejerce. Sin embargo, la subcontratación o externalización de procesos de negocios —como

también se le conoce al outsourcing— es una buena alternativa de contratación que auxilia en cualquier área, ya sea en tareas primarias o secundarias, así la empresa puede concentrarse de lleno en el cumplimiento de objetivos esenciales.


Existen diferentes tipos de outsourcing, uno de ellos es el de procesos empresariales, divididos en dos categorías: back-office, aquellos de funciones comerciales internas, y front-office, los relacionados directamente con el cliente.


El outsourcing suele ponderarse hacia lo negativo dadas las malas prácticas que muchas empresas ejercen para evadir las responsabilidades patronales, como no registrar al colaborador con el sueldo real, dividir la nómina con bonos (y pagar impuestos reales), no declarar sueldo altos, entre otras.


Bien efectuado, el outsourcing , al compartir responsabilidades con la empresa, puede mejorar el panorama laboral en materia de prestaciones y beneficios. Ayuda al patrón a bajar la prima de riesgo, ahorra gastos asociados a la inversión en infraestructuras y aumenta la productividad al focalizar un proyecto mediante empresas especializadas; así también, adopta una posición estratégica en un mercado competitivo.


El outsourcing se incluye formalmente en la Ley Federal del Trabajo (LFT) desde 2012. Una de las reformas hechas fue el anexo del artículo 15-A que establece claramente las características del régimen de subcontratación, lo que detonó que la modalidad Así, desde 2013, las actividades que en mayor medida absorbe el outsourcing están relacionadas con Capital Humano, Procesos Fiscales, Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC),


Administración y Control de Proyectos, y Auditoría Interna.

Esta práctica se fortalecerá cada vez más a futuro en la medida que se cumplan los requisitos establecidos en la ley y se garantice:

• Ciberseguridad. El desempeño de funciones de externalización debe cuidar cómo y dónde resguarda la información.

• Buenas prácticas. Velar por la satisfacción del cliente a través de acciones que den congruencia a la misión y visión de la empresa.

• Evitar co-dependencia con el proveedor. Saber delegar solo las tareas que no forman parte de la base en la que el nuestro negocio se sostiene.

• Control sobre procesos. Debe existir una buena relación entre ambas empresas, para que la retroalimentación sea clara.

• Cumplimiento de objetivos. Ser claros con los deadlines y con el impacto que tendrá sobre estos cada punto de retroalimentación.